Esteban, mártir de la fe

La fiesta de la Navidad continúa, inmediatamente, con la conmemoración del martirio de San Esteban, el primero de la historia. Esta memoria parece irrumpir accidentamente es estas fiestas que celebramos. Pero el mensaje es claro: no podemos comprender el misterio de la Encarnación sin el de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor. Ambos forman parte de un conjunto en la vida del cristiano, que estamos tentados a vivir separadamente.

El martirio es la otra cara de la Encarnación, pues Dios se hace hombre para redimirlo de la muerte, y la muerte sigue siendo una realidad muy presente en muchos de nuestros contextos. Es aún una vocación a la que muchos de nuestros hermanos están siendo llamados en los diversos lugares del mundo, y especialmente en nuestra América, donde la idolatría del poder y del dinero siguen cobrando numerosas víctimas.

Podemos afirmar que Dios muere hoy porque habita entre nosotros. Este es el contenido fundamental de nuestra fe, y lo que podemos hallar en estas memorias litúrgicas. Dios habita en muchos rincones de la tierra, y multitud de mártires así lo testimonian. Muchos han dado, y siguen dando la vida por la fe en los diversos rincones de nuestras tierras americanas y caribeñas.

Pidamos a Dios por todos nuestros mártires; semillas esparcidas de la Palabra a lo largo y ancho de nuestro continente. Y por su intercesión, pidamos que nuestra fe no descanse hasta aclamar con profunda verdad que el Reino, por el cual han dado su vida, ha llegado a nosotros.

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A todos nuestros migrantes…

Hoy 18 de diciembre, la Organización de las Naciones Unidas nos invita a celebrar el Día Internacional del Migrante. Apenas nos viene a la memoria este acontecimiento, saltan en nuestra memoria un gran número de rostros de amigos, familiares, hermanos fraternos, que han salido de su tierra en la búsqueda de un mejor presente y futuro, para ellos y para sus hijos.

Toda migración tiene una cara de dolor, de separación y de duelo. Pero no es casual que esta fecha sea recordada en Adviento, en el tiempo en el que nuestra Madre María y San José migran, sin rumbo aparente, para dar a luz la salvación. En este tiempo esperamos al Niño Dios, quien nació fuera de su tierra y alejado de las pocas comodidades que sus padres podrían ofrecerle. Seguimos, por tanto, al Dios que migra, no solo de su pueblo a otro, sino de su condición divina a la condición humana, del cálido hogar al frío pesebre, de su comodidad a la interperie…

Este acontecimiento nos llena de alegría, aun en medio del sufrimiento. El desarraigo y la separación no son las últimas palabras. Vendrán días, dice el Señor, en el que Judá será restaurada. Nace del tronco de David un salvador, que unirá a todos los pueblos, que traerá la reconciliación, y hará posible que volvamos a casa y celebremos las maravillas que Dios ha hecho en nosotros en el exilio y el cautiverio.

En esta Navidad, llevamos en el corazón las historias de tantas familias separadas y de tantos hermanos nuestros que no podrán estar juntos. Pero también vemos entusiasmados cada iniciativa que en nuestra Escuela Pía y en toda la Iglesia se llevan para brindar a los migrantes un espacio de calidez, de familia y de humanidad. Como hijo de migrantes, y parte de un pueblo que hoy sufre un forzoso éxodo, no puedo dejar de agradecer cada signo luminoso en medio de las tinieblas de la soledad y la distancia.

Gracias, hermanos, por ser portadores de la esperanza. Y a todos mis compatriotas y a todos los que han tenido que abandonar su tierra, sólo puedo decirles que, arraigados en la fe, busquemos allí, en aquel lugar en donde estamos, lo que el Señor quiere de nosotros. Seamos testigos de caridad y del amor aun en las situaciones más dolorosas y difíciles. Nunca olvidemos que seguimos a un hombre que migró, se encarnó, dejó lo propio para encontrar su esencia en la donación a los otros. Agradezcamos infinitamente a todos los pueblos que nos abren las puertas y, allí, demos lo que hemos aprendido. A todos, con el corazón empequeñecido y la esperanza despierta, un gran abrazo fraterno.

Fernando

Tuve la oportunidad de despedirte. Conocía tu trabajo en favor de lo pobres, de la unidad de la Iglesia y de nuestro país. Conocí tu fe, la que celebrabas siempre, domingo a domingo. Y tu compromiso que iba mucho más allá de un color político. Muchos desconocía, mientras repartías comida y trabajabas por la unidad de los cristianos, tu compromiso como concejal. Eras así… sencillo, trabajabas humildemente, sin cámaras ni fotografías.

Tu nombre sale a la luz porque no se puede ocultar nunca tanto horror y tanto mal. Apenas digeríamos que habías sido apresado, y ya la noticia de tu muerte se hacía viral. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?…

En medio de este torbellino de sentimientos, y delante de tu cuerpo que esconde las respuestas a todas las preguntas, sólo pido a Dios por la paz de esta tierra. Por esa paz “se elevan las plegarias de diferentes pueblos, de diferentes razas” Hoy tu oración se eleva al Señor, y pides que “el odio termine en un canto de paz”

Agradezco al Señor por el don de tu vida. Te quedaste pequeño para este mundo donde el mal tiene nombre, tiene poder, tiene cámaras, se muestra abiertamente con nombre y apellido. Vuelas alto. Lamento que hoy muchos de los que asistías preguntarán por ti, y esperarán su pequeña taza de comida que repartías domingo a domingo. Otros nos preguntamos por qué a ti, por qué tantos…

Mi corazón solo agradece. Me enseñaste el rostro del Señor, y me permitiste descubrir que en política también hay personas muy honestas que quieren hacer las cosas bien. Tú las hacías bien.. tal vez por eso el horror y el miedo que les generaste. Vuelas alto, y espero que desde el cielo sigas clamando por la libertad de esta tierra bendita. ¡Dios te bendiga!

Fernando-Alban-1

Te necesito

Te necesito, Señor. Hoy más que nunca. Es un deseo profundo, que va mucho más allá de la razón. Necesito tu presencia, que invada hasta la más íntima célula de mi cuerpo y mi ser.

Necesito que habites en mí, que no dejes nada de mí sin Ti. Paz, armonía, afecto, pasión… sobre toda muerte, toda frustración, toda pesadilla…

Necesito de Ti. Es lo único que puede calmar mi sed de vida. Nada más. Sólo Tú. Ni los amores pasajeros, ni las pasiones efímeras… sólo Tú.

Tú, y sólo Tú. Fundamento de mi vida, roca perenne, sostén, base… Tú y sólo Tú.

Edith Stein, vida y oración

“Estamos completamente tranquilas y contentas. Naturalmente, hasta la fecha, sin Misa y sin comunión; quizás más tarde sea posible. Ahora nos es dado experimentar un poco cómo se puede vivir sostenidas interiormente” (04/08/1942, días antes de su ejecución)

Hoy, en el día de Santa Teresa Benedicta, también conocida como Edith Stein, deseo compartirles el análisis realizado de la vivencia de la liturgia a lo largo de su vida creyente a partir de sus propios escritos.

Te invitamos a encontrarte con lo que expresa a través de sus cartas. Un proceso interesante, que nos lleva a comprender más allá de las formas el valor simbólico de la fe.

Este escrito fue presentado en la cátedra de Maestros de Espiritualidad en la Maestría de Teología Espiritual del ITER-UCAB por un servidor.

https://www.dropbox.com/s/ert6dc2gazeytxq/Trabajo3.docx?dl=0

Revalorización de los Derechos Humanos: una tarea impostergable

Nuestro escrito comienza con la afirmación de que los Derechos Humanos no tienen sólo una función coercitiva ante las acciones humanas como toda norma que respalda un valor, sino que, además, contienen un valor humanizador para todos y todas.

En primer lugar, reconocer la utopía como una creación humana que parte de la realidad y la re-genera (Orrego y Rojas, 1988) nos conduce hacia la noción de los Derechos Humanos como la utopía humana por excelencia que nos permite caminar hacia el ideal sabiendo bien que aún no hemos llegado al lugar anhelado. En este sentido, reconocer esta característica nos permite concluir que la humanidad no ha alcanzado el sueño de una sociedad igualitaria, fraterna y libre; pero que está en un camino que hoy tiene como meta el reconocimiento de la dignidad humana de todos los hombres y mujeres, y la obligación por parte de los Estados de respetarla, garantizarla y promoverla.

La literatura analizada, así como el desarrollo del curso, nos acercan a la historia de luchas y heridas que aún hoy están presentes en Latinoamérica. Esta dinámica nos lleva a reconocer, en segundo lugar, la vinculación existente entre los Derechos Humanos y la historia de nuestros pueblos. Los Derechos Humanos no son una construcción abstracta producto de los sectores de izquierda o de derecha que han intentado conquistar el poder por diferentes vías, sino el fundamento de una lucha constante por la reivindicación de la justicia y de la paz como valores fundamentales. Sin embargo, observamos aún hoy discursos que buscan politizar esta materia, la tensión entre poder establecido y garantías de las personas, y los intentos constantes de desfigurar la realidad a través de las amenazas y del ejercicio del terror, para silenciar a quienes valientemente siguen señalando prácticas injustas, crueles y denigrantes.

El proceso histórico determinado por el surgimiento y reconocimiento de los Derechos Humanos, y por el cambio de paradigma antropológico que suponen, nos llevan en tercer lugar a reconocer el desarrollo humano como un derecho humano fundamental, impostergable y vinculante para todos aquellos que de alguna manera ejercen el poder. Hoy en día sería arcaico pensar que sólo el Estado tiene la función de respetar, garantizar y promover los Derechos Humanos, cuando observamos que la ley del mercado y el surgimiento de las grandes transnacionales lo han reducido a una función de arbitraje sin un ejercicio real del poder concedido por los ciudadanos a través de estructuras democráticas. En esta línea, llegaría a afirmar aquellos pocos que ejercen el poder a través de la acumulación de riquezas tienen una responsabilidad inaplazable en el destino de los pueblos, y en la garantía y la promoción del desarrollo humano, con todas las variables que lo conforman.

Continuando con lo anterior, es importante impulsar estrategias que nos permitan ayudar a las mayorías a empoderarse de sus derechos y deberes, de tal manera que todos los cambios sociales que puedan generarse tengan como base la dignidad humana. Procesos como la globalización, y la posible crisis de sostenibilidad de los sistemas económicos actuales, pueden abrir caminos hacia los cambios necesarios para que las personas podamos avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos. No podremos aceptar, por tanto, la medición del desarrollo humano sólo con criterios macroeconómicos, con cifras de seguridad (relacionadas con la carrera armamentista de los pueblos desarrollados), o con números que nos permiten saber que vivimos más tiempo o que mueren menos recién nacidos. El desarrollo humano tendrá que ver, y tendremos que aprender a medirlo, con la garantía de sus derechos, con su capacidad de organización para el aprovechamiento de los recursos humanos y materiales, y en definitiva, con la capacidad de construir utopías y ponerse en camino hacia nuevas metas que le permitan humanizar la realidad.

Las iniciativas relacionadas con la lucha por la dignidad de la persona, como las Comisiones de la Verdad[1], el nacimiento de MOVICE[2], y de otras organizaciones defensoras de los derechos de las personas, los procesos históricos que hoy mueven la política latinoamericana, así como la necesidad manifiesta de grandes cambios en los acontecimientos que hoy nos caracterizan, nos hablan de la capacidad que tenemos como pueblo de forjar y de construir aquello que soñamos, y por tanto, de nuestra capacidad de democracia, de dignidad, de lucha y de continua superación de todos los intentos por dominar y disminuir la libertad que tan alto precio nos han costado.

En conclusión, considero que la perspectiva de los Derechos Humanos nos permite afirmar que Latinoamérica no es sólo un continente, sino un pueblo que en sus procesos históricos y culturales ha demostrado su capacidad de conquistar grandes utopías, siempre relacionadas con la libertad y la justicia como valores fundamentales. Además, nos revela cómo los Derechos Humanos han sido  y siguen siendo un componente fundamental de nuestra utopía, y cuánto nos falta por avanzar hacia la reconciliación y la construcción de sociedades plenamente justas y solidarias. Nos lleva, por último, a tener una mirada crítica sobre los cambios que surgen a partir de la globalización y tecnologización de las relaciones, y a comprender el desarrollo humano como un derecho inalienable de nuestras gentes.

[1] Refiérese a las Comisiones que ayudaron a superar el conflicto de la guerra sandinista en Nicaragua en los años ’80.

[2] Movimiento Nacional del Víctimas de Crímenes de Estado (Colombia) www.movimientodevictimas.org

Psicología y espiritualidad

Aportes de la psicología a la espiritualidad

Unida a la espiritualidad, la psicología puede lograr el bienestar del ser humano, que es su objetivo primordial. La psicología ofrece las herramientas terapéuticas que pueden ayudar a un proceso de sanación y liberación de la persona.
La psicología ofrece “los insights terapéuticos y los instrumentos” que permiten a la persona alcanzar el bienestar, la salud y la realización que la espiritualidad enmarca desde los valores y el sentido que propone para la vida del sujeto.
La psicología ha logrado reconocer, en los diversos estudiosos de diversas corrientes, que la espiritualidad no está ajena al desarrollo de la persona. La psicología ofrece un marco teórico y científico en el cual es posible comprender la necesaria integración de la espiritualidad, comprendida como relación con la trascendencia, para poder lograr la plenitud del ser humano.
La psicología ha puesto en descubierto la necesaria relación entre la autonomía y la relación interpersonal, descrita en el principal mandamiento del cristianismo: amar al prójimo como a uno mismo. Sin uno de estos dos polos, se empobrece la persona y no alcanza su realización. En esta corriente están los trabajos de Kegan, quien sintetiza los estudios previos de Erickson, Piaget, Kohlberg, Gillian, entre otros.
La psicología puede, además, ofrecer un criterio crítico para reconocer hasta donde la religión, y en consecuencia algunas formas de espiritualidad, está al servicio del bienestar del ser humano. Toda religión debe, en definitiva, ayudar al hombre a humanizarse; y la psicología puede, desde criterios científicos, colaborar en el discernimiento de aquellas formas de espiritualidad que pueden ser beneficiosas o destructivas de la persona.

Aportes de la espiritualidad a la psicología

La espiritualidad aporte un marco de valores desde el cual puede comprenderse el acto de la liberación, la salvación, o la curación. Para Fernando y Swindler, las grandes religiones comprenden que “la salvación está mediada por la autoaceptación, la honestidad, la humildad, amabilidad, esperanza, autocontrol, sencillez, compartir los bienes, ayudar al prójimo, perdonar, serenidad, no violencia, y reflexión”
La espiritualidad es “la mayor estrategema de los significados, valores y energía desde los que trabaja la psicoterapia” Se ocupa, por tanto de los aspectos esenciales, del sentido y los valores de la vida. En consecuencia, la terapia “necesita orientaciones espirituales”
Los trabajos de Jüng, quien combina el psicoanálisis con el estudio de las religiones, concluyen que “las religiones del mundo son los grandes símbolos terapéuticos de la humanidad” En este sentido, podemos comprender que las religiones, como formas instituidas de vivencia de la dimensión espiritual, aportan los arquetipos necesarios para comprender los dinamismos inconscientes de la persona.
Víctor Frankl afirmará que “sólo un sentido trascendente de la vida puede ayudarnos a soportar las circunstancias de la vida” En este ámbito, la espiritualidad como apertura y relación con lo trascendente se hace necesaria para lograr alcanzar el fin de la existencia humana. “La religión nos provee de algo más de lo que psicoterapia puede darnos –pero también nos exige más-“
Para Maslow, la realización de la persona culmina con la satisfacción de las necesidades espirituales. La espiritualidad es, por tanto, el culmen de la autorrealización humana, comprendida como el alcance de los valores de trascendencia y de sentido. Este alcance requiere de la satisfacción primera de las necesidades básicas. Cuando no se logra, es muy difícil alcanzar la realización personal plena, y por lo tanto, satisfacer las necesidades de trascendencia.
La psicología, en definitiva, demanda de la espiritualidad lo que le es necesario para completarse. La espiritualidad ofrece ese ámbito más profundo e interior, donde “están contenidas las cosas de la vida”
En definitiva, la espiritualidad, en el marco de las diversas religiones, tiene validez en la medida en que permiten alcanzar el bienestar del hombre, objetivo compartido con la psicología, ofreciendo un marco de comprensión antropológico que permite el uso de las herramientas psicológicas para este fin.

Ayuda de la psicología al desarrollo o crecimiento personal

Toda psicología tiene como objetivo fundamental lograr el bienestar del hombre. Desde sus diversas teorías, la psicología ofrece una serie de herramientas que ayudan al ser humano a mejorar su calidad de vida, superar sus traumas, destrabar procesos de humanización y sacar del ser humano lo mejor de sí para una vida plena. La psicología, por tanto, ayuda al crecimiento personal en la medida en que, situada desde un horizonte antropológico y asumiendo la condición espiritual de la persona, es capaz de ofrecer las herramientas necesarias para un adecuado proceso de integración personal que libere a las personas de los diversos traumas y las resistencias que están presente en ellas, y que es fruto de las heridas del pasado y de las formas no adecuadas de adaptación a la realidad.
Desde las diversas formas de terapia y de insight la psicología puede ayudar al hombre y a la mujer a vivir desde los más profundos valores de la persona, a encauzar sus actitudes y vivencias para que sean vividas sanamente y la persona pueda alcanzar una mayor calidad de vida. En este sentido, la psicología es una herramienta fundamental para el alcance de las metas de crecimiento de toda persona.

Ayuda la psicología al desarrollo o crecimiento espiritual

La psicología puede ofrecer un marco de referencia para reconocer las oportunidades que ofrecen diversas formas de vivencia espiritual para la adecuada humanización del ser humano. En este sentido, es importante señalar que, si bien ninguna espiritualidad puede estar definida bajo los criterios que ofrece la psicología, sí puede determinar aquellos aspectos de la espiritualidad que no ayudan al desarrollo integral de la persona.
En este sentido, es importante señalar que toda espiritualidad, como dimensión humana, está al servicio del bienestar del hombre. Sin embargo, podemos reconocer que en algunas culturas y en algunos grupos, la espiritualidad vivida en algunas religiones han llevado a muchos individuos a separarse de este objetivo, convirtiéndose en la fuente de neurosis, fanatismos y hasta de actos masivos de suicidio. La psicología, desde el conocimiento profundo del ser humano, puede ayudar a discernir la “sanidad” de la forma en que la espiritualidad va tomando cuerpo en las personas, colaborando de esta manera a determinar aquellos aspectos que están al servicio o no del crecimiento espiritual.

Referencias bibliográficas:

FERNANDO, Anthony y SWINDLER, Leonard. El budismo: una introducción para cristianos y judíos. Orbis, 1985.

FRANKL, Víctor. The Unconscious God: Phsicoterapy and Theology. (Simon and Schuster, 1975), 75