¡Gracias!

¿Cómo no dar gracias a Dios por la experiencia que viene significando para nosotros nuestra estadía en Carora durante estos días de Semana Santa? Dios nos bendice, dándonos la oportunidad de compartir con una comunidad cristiana escolapia, viva, que se dispone día a día a llevar a los niños y niñas, a los adolescentes, a los jóvenes y a los adultos y adultas el mensaje del Evangelio, y la presencia de la Iglesia que se hace solidaria con las necesidades del prójimo.

San Vicente, Chirico, Lajas Azules, entre otros sectores, se van convirtiendo en referencias obligatorias para nuestras comunidades escolapias. La comunidad transmite la alegría de vivir desde la fe, el esfuerzo de renovar nuestra Iglesia desde las claves fundamentales del Evangelio. Pies que se llenan del polvo de las tierras sin pavimento, manos que consuelan a enfermos terminales y a quienes padecen de diversas dolencias, brazos que preparan el alimento que llega por providencia divina para más de 200 misioneros y misioneras. Vidas jóvenes que transmiten la alegría de la vida, niños y niñas sonrientes que agradecen con su mirada la presencia escolapia en estos sectores donde el sol, la tierra, la falta de agua y de servicios básicos hacen de la vida un reto diario de sobrevivencia.

Gracias, Señor, por el regalo de llamarme a ser escolapio a pesar de mis resistencias y temores. Gracias porque es posible dar toda la vida, dejar la redes y seguirte. Gracias, porque podemos compartir nuestra vocación con muchos otros que, desde diferentes estados de vida y diversas vocaciones, llevan a Dios y el carisma de Calasanz en su trabajo, en sus palabras, en sus convicciones e ideas. Gracias por las familias que día a día van a dar lo mejor de sí en estos barrios pobres de Carora, y demuestran que el matrimonio y la familia nunca serán un impedimento para la vivencia comprometida de la fe…. En definitiva, gracias, Señor, porque tu entrega sigue dándose hoy en medio de tantas personas: algunos y algunas consagrando en pobreza, castidad y obediencia toda nuestra vida a ti a pesar de nuestras debilidades, renunciando a lo bueno de la vida por algo mejor (Tú); y gracias por todos aquellos que convierten lo bueno de la vida en una “epifanía” tuya….

¡Gracias, Señor, gracias!

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