Besar los pies…

Durante la mañana de hoy, una de las señoras de nuestra comunidad se acerca a mí y me pregunta: “¿Por qué ahora los sacerdotes no besan los pies durante la misa de hoy, después de lavarlos?” Ante esta pregunta, intenté diversas respuestas que pudieran satisfacer la curiosidad de esta señora que vive comprometida con Dios y con la Iglesia.

No puedo negar, sin embargo, que la pregunta rondó mi cabeza durante el día: ¿Por qué los sacerdotes hemos perdido la costumbre de besar los pies que lavamos, simbólicamente, durante la Eucaristía de hoy?… Sin tratar de defender ciertas prácticas que han quedado en desuso, la pregunta me abrió otra serie de preguntas: ¿será, tal vez, que hemos dejado de vivir este símbolo en su sentido más propio y genuino? ¿o tal vez, simple y llanamente, ya no son válidas prácticas que pueden ser antihigiénicas y que ponen en riesgo nuestra salud?

Intentando hallar respuesta, conseguí una posible respuesta que resonó más en mí, porque tal vez puede estar hablando de una situación personal: tal vez podemos entender que tenemos una misión, un trabajo, una tarea… Estamos convencidos de que estamos llamados y es nuestro deseo servir a la humanidad, principalmente los más desfavorecidos, a pesar de nuestras debilidades y limitaciones. Pero… ¿estamos dispuestos a asumir las últimas consecuencias del amor, que es la fuente de todo servicio? ¿será, tal vez, que encontramos con claridad nuestro compromiso de servir, pero no asumimos hasta el final las consecuencias de una vida entregada a los demás? ¿nos hemos limitado a una tarea, y hemos olvidado contemplar y entregarnos a fondo?

Cuando celebraba hoy, y durante la proclamación del Evangelio, tomé la iniciativa. Nunca lo había hecho, pero decidí que no sólo debía lavar los pies, debía expresar (y decirme tal vez a mí mismo más que a nadie) que estaba dispuesto a asumir lo absoluto de mi vocación. Decidí besar los pies de los niños que estaban, en aquel terreno sencillo del Barrio La Lucha, después del gesto del lavatorio.

Encontré pies llenos de tierra, de los niños que venían a la Eucaristía con la emoción de que hoy “el padre les lavaría los pies”. Algunos expresaron su extrañeza ante los gestos que caracterizan el día de hoy. Esos pies, llenos de tierra, me expresaban, en definitiva, que la vida -y principalmente la de un sacerdote- está hecha para lavar y besar los pies de muchos en esta tierra. 

A pesar de que muchos nos señalen por los errores que hemos cometido, a pesar de que ser sacerdote hoy sea una opción menos valorada y defendida que la de los grupos LBGT, a pesar de que los sacerdotes seamos vistos por muchos como hombres enfermos incapaces de asumir a plenitud nuestra humanidad,… a pesar de todo ello, hoy pude decirme a mí mismo que mi sacerdocio no es más que la expresión del deseo profundo de besar los pies de una humanidad rota, que ha dejado a Dios a un lado, y quiere encontrar luz cerrando los ojos para ver. En definitiva, mi sacerdocio es la oportunidad que Dios me regala de hacerme un hombre llamado a servir.

Espero que Dios siga poniendo pies llenos de tierra en mi vida, que pueda lavarlos y besarlos, y seguir dando sentido a mi vida desde el servicio sacerdotal que la Iglesia me ha encomendado. Creo que la pregunta sólo tiene una respuesta: “Debemos besar los pies, señora, es nuestra misión, para eso nos ha llamado la Iglesia, y es lo único que podrá revelar al mundo lo auténtido del sacerdocio”

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5 Responses to Besar los pies…

  1. edy jimenez dice:

    guaoooo que hermoso poder oir una respuesta tan clara y que vivas de verdad tu vida de sacerdote,se han perdido muchas cosas…. y ciertamente recuerdo claramente cuando tenia 8 o 10 años que yo corria para ser la primera en llegar para el lavatorio de los pies y efectivamente el padre besaba nuestro pie. Ojala todos tomaran conciencia verdadera y la pusieran en practica…… felicidades. un fuerte abrazo

  2. Ciro José Avendaño P dice:

    Jesús nos dejó tantas demostraciones de humildad y sencillez que el besar los pies de quienes tuvieron ese privilegio, fué uno de ellas, y así lo demostraba pues decía que el “Dios Padre” le envió a servir y no a ser servido aquí en la tierra. Ese ejemplo de humildad debe ser no solo de los Sacerdotes y Religiosos que con vocación se entregan al servicio del Señor Nuestro Dios, sino de todos los cristianos al seguir el mensaje de AMOR por el prójimo y del que estamos obligados a cumplir con fidelidad. William Costa gracias por tu reflexión y por infundar esperanzas en un mundo mejor y más humano.

  3. Jesús Barrera dice:

    Nuestra Iglesia esta llena de simbolos, expresiones, representaciones y la vida en sí está llena de pequeños detalles de las cuales tenemos que aprender a saber discernir cada dia de cada momento de cada instante lo que a diario se nos presente como cristianos peregrinos. Los gestos de humildad y sencillez no es mas que bajarnos de nosotros, de nuestro Ser y bajar al otro, de olvidar lo que somos por un instante para convertirnos en esa experiencia de vida que puede experimentar el otro al que ayudo, al que sirvo. al que puedo amar sin darme cuenta. El evangelio de S. Juan (Jn13,4-5) nos dice que se despojo de la tunica y se ató una toalla a la cintura.
    No permitamos que nuestros Sacerdotes pierdan el horizonte, ayudemos con oración y trabajo en conjunto.

  4. willicosta dice:

    Estoy muy de acuerdo contigo, y es muy importante que todos ayudemos a que nuestra Iglesia se acerque mucho más a lo que predica, y que los sacerdotes podamos ejercer nuestro ministerio en comunidades que reconozcan también su misión de acompañarnos. No somos superhéroes; somos hombres que queremos servir, y necesitamos de la compañía de nuestras comunidades…

    • Jesus Barrera dice:

      La gran tarea de todos los cristianos, la lucha constante del día a día, es ser coherente. Hacer realidad las ideas, las palabras.Ser y hacer. Sentir, Hablar y actuar. Pasar las palabras del corazón por la mente, y para poder decirlas con claridad. Afrontar nuestra realidad como lo que es única y real, y que Dios ha depositado en nosotros una vida que tenemos que saber administrar. Nuestra Iglesia es el Corazón de Cristo, podría decir que es el Castillo de Interior del Cristiano, y que debemos cuidar, podar como un árbol valioso, que da vida. Iglesia don, comunidad,familia que unifica a sus hermanos. Ayudemos hermanos en Cristo a fortalecerla, acrecentar el amor en nosotros y brillar como lo hacen las estrellas del cielo. TODO PARA LA GLORIA DE DIOS Y UTILIDAD DEL PRÓJIMO, Feliz tarde, bendición Padre…

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