Una vez más…

Una vez más hombres armados arremeten con gases lacrimógenos a un grupo mayoritario de mujeres que piden una mesa de diálogo para poder caminar hacia la solución pacífica del conflicto de la cárcel del Rodeo.

Una vez más, la fuerza bruta se coloca por encima de la razón, y arremete contra las víctimas de la pobreza y de la violencia. Si la pobreza en su mayoría tiene rostro de mujer; hoy vi que la pobreza tiene rostro de indefensión, de victimización… Es una realidad más cercana y más palpable de lo que imaginamos; aun cuando establezcamos barreras físicas y psicológicas para alejarnos de ella en lo que nos estorbe.

Una vez más el hombre arremete con violencia contra la mujer;… es un pueblo en el que la mujer ha ganado “nominalmente” el derecho a no ser maltratada. ¿No vale este derecho cuando un hombre -si es que puede llamársele de esa manera al sujeto masculino que agrede contra una mujer- que representa la fuerza del Estado, descarga su ira y violencia contra una mujer cuyo único pecado es querer lo mejor para su hijo, para su esposo, para el familiar que está internado en las condiciones más inhumanas en un centro cuyo fin es “regenerar” a quienes han cometido un delito?

Una vez más los medios de información colocan en primera plana y dan la mayor importancia a la operación y enfermedad del único soberano (o tirano, según sea la perspectiva) de Venezuela, y apenas un canal recoge las escenas escalofriantes de un grupo de soldados que aleja a la fuerza y con la mayor violencia a las mujeres que poseen el mismo gentilicio…

Una vez más nos quedamos frente al TV, mudos ante la escena, y cambiamos de canal porque esas cosas “nos deprimen”

Una vez más caemos en el sensacionalismo, que nos coloca en cada minuto y en cada segundo un tema de diálogo diferente, dependiendo del grado del morbo que nos complazca. Ya no nos complace deleitarnos ante las escenas de los damnificados de las lluvias de diciembre, o los horrendos asesinatos de cada fin de semana… ahora tal vez nos complazca ver nuevamente el grado de violencia que ejerce el “garante de los Derechos Humanos -el Estado-” contra sus mujeres…

Una vez más, un grupo de sujetos de género masculino niegan la condición de ser hombres, y la venden por sus intereses económicos y políticos, aunque eso suponga atentar contra lo aprendido desde niños: “a la mujer, ni con el pétalo de una rosa”

Una vez más somos testigos de la violencia y de la tiranía, de los derechos agredidos, de la lejanía que existe entre nuestra sociedad y la garantía de los derechos fundamentales de la persona.

Una vez más nos estigmatizan sólo porque queremos lo básico para nuestros familiares, aun cuando hayan cometido un delito y estén pagando con creces la sanción determinada… ¿O establecen las sentencias judiciales que los años de condena deben pagarse en medio de las condiciones más infrahumanas? ¿Lo establecerán las letras pequeñas e ilegibles de las sentencias de nuestros tribunales?

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