El Reino de Dios, ¿a qué se parece?

El Reino de Dios se parece a la semilla de mostaza sembrada en la huerta, que se convirtió en arbusto y los pájaros se cobijaron en sus ramas (Lc. 13).

El Reino de Dios se parece a la levadura que hace fermentar la masa; deja de ser, muere, para dar vida a quien es diferente.

El Reino de Dios se parece a la madre que se restringe en sus gustos y satisfacciones, da vida a su hijo o a su hija, y al final de la vida se encuentra con la satisfacción de haber amado hasta donde la existencia se lo permitía.

El Reino de Dios se parece al sol, que muere para dar paso a la noche, y así revelarnos su su transitoriedad y el rostro de quien es Eterno.

El Reino de Dios se parece al hombre y a la mujer que desechan todo lo que parecía fértil, bueno, grandioso, plenificante, para dar paso a una vida entregada entre los más pobres y necesitados.

El Reino de Dios se parece a la lámpara que poco a poco se consume, y da luz en medio de la noche.

El Reino de Dios se parece a un niño o a una niña, que sacrifica su merienda para dar lo que tiene a los niños y niñas que más lo necesitan.

El Reino de Dios se parece a un padre de familia, que llega agobiado del trabajo con una sonrisa y dispuesto a desgastar las últimas horas del día jugando con sus hijos o sus hijas.

El Reino de Dios se parece a un maestro, que pudiendo tener una mejor calidad de vida, opta por educar en las condiciones más difíciles.

El Reino de Dios se parece a un sabio anciano, que al estar en casa nos invita a permanecer en ella, a dar calor de hogar, a encontrarnos como hermanos, como familia.

El Reino de Dios se parece a un hijo o a una hija, que sacrifica sus placeres y necesidades por ayudar a su madre a superar una enfermedad crónica.

El Reino de Dios se parece a una joven que descubre al amor y se compromete a compartir su cuerpo y su alma, su vida y su existencia, su corazón virgen, con el Amado.

El Reino de Dios se parece a un mendigo, que ofrece su ayuda a una pareja que acaba de sufrir un accidente a altas horas de la noche y se expone a mayores peligros.

El Reino de Dios se parece a un sacerdote que deja el altar y el clériman y se hace hermano de los más pobres y necesitados.

El Reino de Dios se parece a un hombre que trabaja y trabaja, convencido de que está construyendo un mundo mejor.

El Reino de Dios se parece a una joven atea, que día tras día, semana tras semana, año tras año, acompaña sin mayor recompensa a las víctimas de violaciones de Derechos Humanos a oficinas y lugares donde debe implorarse lo que es un derecho fundamental.

El Reino de Dios se parece a un adolescente que cuida a su madre parapléjica apenas sale del liceo, aprendiendo a amarla desde la enfermedad.

El Reino de Dios se parece a un hombre que, por sus convicciones, es capaz de dar la vida.

¡Sí, Señor, he sido testigo de la presencia del Reino de Dios!

 

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2 Responses to El Reino de Dios, ¿a qué se parece?

  1. Claudia dice:

    Se parece como igualito, el que tengas ojos que vea, alabado sea el señor, somos testigos de su reino, aquí y ahora.

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