Fernando

Tuve la oportunidad de despedirte. Conocía tu trabajo en favor de lo pobres, de la unidad de la Iglesia y de nuestro país. Conocí tu fe, la que celebrabas siempre, domingo a domingo. Y tu compromiso que iba mucho más allá de un color político. Muchos desconocía, mientras repartías comida y trabajabas por la unidad de los cristianos, tu compromiso como concejal. Eras así… sencillo, trabajabas humildemente, sin cámaras ni fotografías.

Tu nombre sale a la luz porque no se puede ocultar nunca tanto horror y tanto mal. Apenas digeríamos que habías sido apresado, y ya la noticia de tu muerte se hacía viral. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por qué?…

En medio de este torbellino de sentimientos, y delante de tu cuerpo que esconde las respuestas a todas las preguntas, sólo pido a Dios por la paz de esta tierra. Por esa paz “se elevan las plegarias de diferentes pueblos, de diferentes razas” Hoy tu oración se eleva al Señor, y pides que “el odio termine en un canto de paz”

Agradezco al Señor por el don de tu vida. Te quedaste pequeño para este mundo donde el mal tiene nombre, tiene poder, tiene cámaras, se muestra abiertamente con nombre y apellido. Vuelas alto. Lamento que hoy muchos de los que asistías preguntarán por ti, y esperarán su pequeña taza de comida que repartías domingo a domingo. Otros nos preguntamos por qué a ti, por qué tantos…

Mi corazón solo agradece. Me enseñaste el rostro del Señor, y me permitiste descubrir que en política también hay personas muy honestas que quieren hacer las cosas bien. Tú las hacías bien.. tal vez por eso el horror y el miedo que les generaste. Vuelas alto, y espero que desde el cielo sigas clamando por la libertad de esta tierra bendita. ¡Dios te bendiga!

Fernando-Alban-1

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Te necesito

Te necesito, Señor. Hoy más que nunca. Es un deseo profundo, que va mucho más allá de la razón. Necesito tu presencia, que invada hasta la más íntima célula de mi cuerpo y mi ser.

Necesito que habites en mí, que no dejes nada de mí sin Ti. Paz, armonía, afecto, pasión… sobre toda muerte, toda frustración, toda pesadilla…

Necesito de Ti. Es lo único que puede calmar mi sed de vida. Nada más. Sólo Tú. Ni los amores pasajeros, ni las pasiones efímeras… sólo Tú.

Tú, y sólo Tú. Fundamento de mi vida, roca perenne, sostén, base… Tú y sólo Tú.

Edith Stein, vida y oración

“Estamos completamente tranquilas y contentas. Naturalmente, hasta la fecha, sin Misa y sin comunión; quizás más tarde sea posible. Ahora nos es dado experimentar un poco cómo se puede vivir sostenidas interiormente” (04/08/1942, días antes de su ejecución)

Hoy, en el día de Santa Teresa Benedicta, también conocida como Edith Stein, deseo compartirles el análisis realizado de la vivencia de la liturgia a lo largo de su vida creyente a partir de sus propios escritos.

Te invitamos a encontrarte con lo que expresa a través de sus cartas. Un proceso interesante, que nos lleva a comprender más allá de las formas el valor simbólico de la fe.

Este escrito fue presentado en la cátedra de Maestros de Espiritualidad en la Maestría de Teología Espiritual del ITER-UCAB por un servidor.

https://www.dropbox.com/s/ert6dc2gazeytxq/Trabajo3.docx?dl=0

Revalorización de los Derechos Humanos: una tarea impostergable

Nuestro escrito comienza con la afirmación de que los Derechos Humanos no tienen sólo una función coercitiva ante las acciones humanas como toda norma que respalda un valor, sino que, además, contienen un valor humanizador para todos y todas.

En primer lugar, reconocer la utopía como una creación humana que parte de la realidad y la re-genera (Orrego y Rojas, 1988) nos conduce hacia la noción de los Derechos Humanos como la utopía humana por excelencia que nos permite caminar hacia el ideal sabiendo bien que aún no hemos llegado al lugar anhelado. En este sentido, reconocer esta característica nos permite concluir que la humanidad no ha alcanzado el sueño de una sociedad igualitaria, fraterna y libre; pero que está en un camino que hoy tiene como meta el reconocimiento de la dignidad humana de todos los hombres y mujeres, y la obligación por parte de los Estados de respetarla, garantizarla y promoverla.

La literatura analizada, así como el desarrollo del curso, nos acercan a la historia de luchas y heridas que aún hoy están presentes en Latinoamérica. Esta dinámica nos lleva a reconocer, en segundo lugar, la vinculación existente entre los Derechos Humanos y la historia de nuestros pueblos. Los Derechos Humanos no son una construcción abstracta producto de los sectores de izquierda o de derecha que han intentado conquistar el poder por diferentes vías, sino el fundamento de una lucha constante por la reivindicación de la justicia y de la paz como valores fundamentales. Sin embargo, observamos aún hoy discursos que buscan politizar esta materia, la tensión entre poder establecido y garantías de las personas, y los intentos constantes de desfigurar la realidad a través de las amenazas y del ejercicio del terror, para silenciar a quienes valientemente siguen señalando prácticas injustas, crueles y denigrantes.

El proceso histórico determinado por el surgimiento y reconocimiento de los Derechos Humanos, y por el cambio de paradigma antropológico que suponen, nos llevan en tercer lugar a reconocer el desarrollo humano como un derecho humano fundamental, impostergable y vinculante para todos aquellos que de alguna manera ejercen el poder. Hoy en día sería arcaico pensar que sólo el Estado tiene la función de respetar, garantizar y promover los Derechos Humanos, cuando observamos que la ley del mercado y el surgimiento de las grandes transnacionales lo han reducido a una función de arbitraje sin un ejercicio real del poder concedido por los ciudadanos a través de estructuras democráticas. En esta línea, llegaría a afirmar aquellos pocos que ejercen el poder a través de la acumulación de riquezas tienen una responsabilidad inaplazable en el destino de los pueblos, y en la garantía y la promoción del desarrollo humano, con todas las variables que lo conforman.

Continuando con lo anterior, es importante impulsar estrategias que nos permitan ayudar a las mayorías a empoderarse de sus derechos y deberes, de tal manera que todos los cambios sociales que puedan generarse tengan como base la dignidad humana. Procesos como la globalización, y la posible crisis de sostenibilidad de los sistemas económicos actuales, pueden abrir caminos hacia los cambios necesarios para que las personas podamos avanzar en el reconocimiento de nuestros derechos. No podremos aceptar, por tanto, la medición del desarrollo humano sólo con criterios macroeconómicos, con cifras de seguridad (relacionadas con la carrera armamentista de los pueblos desarrollados), o con números que nos permiten saber que vivimos más tiempo o que mueren menos recién nacidos. El desarrollo humano tendrá que ver, y tendremos que aprender a medirlo, con la garantía de sus derechos, con su capacidad de organización para el aprovechamiento de los recursos humanos y materiales, y en definitiva, con la capacidad de construir utopías y ponerse en camino hacia nuevas metas que le permitan humanizar la realidad.

Las iniciativas relacionadas con la lucha por la dignidad de la persona, como las Comisiones de la Verdad[1], el nacimiento de MOVICE[2], y de otras organizaciones defensoras de los derechos de las personas, los procesos históricos que hoy mueven la política latinoamericana, así como la necesidad manifiesta de grandes cambios en los acontecimientos que hoy nos caracterizan, nos hablan de la capacidad que tenemos como pueblo de forjar y de construir aquello que soñamos, y por tanto, de nuestra capacidad de democracia, de dignidad, de lucha y de continua superación de todos los intentos por dominar y disminuir la libertad que tan alto precio nos han costado.

En conclusión, considero que la perspectiva de los Derechos Humanos nos permite afirmar que Latinoamérica no es sólo un continente, sino un pueblo que en sus procesos históricos y culturales ha demostrado su capacidad de conquistar grandes utopías, siempre relacionadas con la libertad y la justicia como valores fundamentales. Además, nos revela cómo los Derechos Humanos han sido  y siguen siendo un componente fundamental de nuestra utopía, y cuánto nos falta por avanzar hacia la reconciliación y la construcción de sociedades plenamente justas y solidarias. Nos lleva, por último, a tener una mirada crítica sobre los cambios que surgen a partir de la globalización y tecnologización de las relaciones, y a comprender el desarrollo humano como un derecho inalienable de nuestras gentes.

[1] Refiérese a las Comisiones que ayudaron a superar el conflicto de la guerra sandinista en Nicaragua en los años ’80.

[2] Movimiento Nacional del Víctimas de Crímenes de Estado (Colombia) www.movimientodevictimas.org

Psicología y espiritualidad

Aportes de la psicología a la espiritualidad

Unida a la espiritualidad, la psicología puede lograr el bienestar del ser humano, que es su objetivo primordial. La psicología ofrece las herramientas terapéuticas que pueden ayudar a un proceso de sanación y liberación de la persona.
La psicología ofrece “los insights terapéuticos y los instrumentos” que permiten a la persona alcanzar el bienestar, la salud y la realización que la espiritualidad enmarca desde los valores y el sentido que propone para la vida del sujeto.
La psicología ha logrado reconocer, en los diversos estudiosos de diversas corrientes, que la espiritualidad no está ajena al desarrollo de la persona. La psicología ofrece un marco teórico y científico en el cual es posible comprender la necesaria integración de la espiritualidad, comprendida como relación con la trascendencia, para poder lograr la plenitud del ser humano.
La psicología ha puesto en descubierto la necesaria relación entre la autonomía y la relación interpersonal, descrita en el principal mandamiento del cristianismo: amar al prójimo como a uno mismo. Sin uno de estos dos polos, se empobrece la persona y no alcanza su realización. En esta corriente están los trabajos de Kegan, quien sintetiza los estudios previos de Erickson, Piaget, Kohlberg, Gillian, entre otros.
La psicología puede, además, ofrecer un criterio crítico para reconocer hasta donde la religión, y en consecuencia algunas formas de espiritualidad, está al servicio del bienestar del ser humano. Toda religión debe, en definitiva, ayudar al hombre a humanizarse; y la psicología puede, desde criterios científicos, colaborar en el discernimiento de aquellas formas de espiritualidad que pueden ser beneficiosas o destructivas de la persona.

Aportes de la espiritualidad a la psicología

La espiritualidad aporte un marco de valores desde el cual puede comprenderse el acto de la liberación, la salvación, o la curación. Para Fernando y Swindler, las grandes religiones comprenden que “la salvación está mediada por la autoaceptación, la honestidad, la humildad, amabilidad, esperanza, autocontrol, sencillez, compartir los bienes, ayudar al prójimo, perdonar, serenidad, no violencia, y reflexión”
La espiritualidad es “la mayor estrategema de los significados, valores y energía desde los que trabaja la psicoterapia” Se ocupa, por tanto de los aspectos esenciales, del sentido y los valores de la vida. En consecuencia, la terapia “necesita orientaciones espirituales”
Los trabajos de Jüng, quien combina el psicoanálisis con el estudio de las religiones, concluyen que “las religiones del mundo son los grandes símbolos terapéuticos de la humanidad” En este sentido, podemos comprender que las religiones, como formas instituidas de vivencia de la dimensión espiritual, aportan los arquetipos necesarios para comprender los dinamismos inconscientes de la persona.
Víctor Frankl afirmará que “sólo un sentido trascendente de la vida puede ayudarnos a soportar las circunstancias de la vida” En este ámbito, la espiritualidad como apertura y relación con lo trascendente se hace necesaria para lograr alcanzar el fin de la existencia humana. “La religión nos provee de algo más de lo que psicoterapia puede darnos –pero también nos exige más-“
Para Maslow, la realización de la persona culmina con la satisfacción de las necesidades espirituales. La espiritualidad es, por tanto, el culmen de la autorrealización humana, comprendida como el alcance de los valores de trascendencia y de sentido. Este alcance requiere de la satisfacción primera de las necesidades básicas. Cuando no se logra, es muy difícil alcanzar la realización personal plena, y por lo tanto, satisfacer las necesidades de trascendencia.
La psicología, en definitiva, demanda de la espiritualidad lo que le es necesario para completarse. La espiritualidad ofrece ese ámbito más profundo e interior, donde “están contenidas las cosas de la vida”
En definitiva, la espiritualidad, en el marco de las diversas religiones, tiene validez en la medida en que permiten alcanzar el bienestar del hombre, objetivo compartido con la psicología, ofreciendo un marco de comprensión antropológico que permite el uso de las herramientas psicológicas para este fin.

Ayuda de la psicología al desarrollo o crecimiento personal

Toda psicología tiene como objetivo fundamental lograr el bienestar del hombre. Desde sus diversas teorías, la psicología ofrece una serie de herramientas que ayudan al ser humano a mejorar su calidad de vida, superar sus traumas, destrabar procesos de humanización y sacar del ser humano lo mejor de sí para una vida plena. La psicología, por tanto, ayuda al crecimiento personal en la medida en que, situada desde un horizonte antropológico y asumiendo la condición espiritual de la persona, es capaz de ofrecer las herramientas necesarias para un adecuado proceso de integración personal que libere a las personas de los diversos traumas y las resistencias que están presente en ellas, y que es fruto de las heridas del pasado y de las formas no adecuadas de adaptación a la realidad.
Desde las diversas formas de terapia y de insight la psicología puede ayudar al hombre y a la mujer a vivir desde los más profundos valores de la persona, a encauzar sus actitudes y vivencias para que sean vividas sanamente y la persona pueda alcanzar una mayor calidad de vida. En este sentido, la psicología es una herramienta fundamental para el alcance de las metas de crecimiento de toda persona.

Ayuda la psicología al desarrollo o crecimiento espiritual

La psicología puede ofrecer un marco de referencia para reconocer las oportunidades que ofrecen diversas formas de vivencia espiritual para la adecuada humanización del ser humano. En este sentido, es importante señalar que, si bien ninguna espiritualidad puede estar definida bajo los criterios que ofrece la psicología, sí puede determinar aquellos aspectos de la espiritualidad que no ayudan al desarrollo integral de la persona.
En este sentido, es importante señalar que toda espiritualidad, como dimensión humana, está al servicio del bienestar del hombre. Sin embargo, podemos reconocer que en algunas culturas y en algunos grupos, la espiritualidad vivida en algunas religiones han llevado a muchos individuos a separarse de este objetivo, convirtiéndose en la fuente de neurosis, fanatismos y hasta de actos masivos de suicidio. La psicología, desde el conocimiento profundo del ser humano, puede ayudar a discernir la “sanidad” de la forma en que la espiritualidad va tomando cuerpo en las personas, colaborando de esta manera a determinar aquellos aspectos que están al servicio o no del crecimiento espiritual.

Referencias bibliográficas:

FERNANDO, Anthony y SWINDLER, Leonard. El budismo: una introducción para cristianos y judíos. Orbis, 1985.

FRANKL, Víctor. The Unconscious God: Phsicoterapy and Theology. (Simon and Schuster, 1975), 75

Claves para vivir la espiritualidad calasancia en América Latina

Partimos de la convicción de que es posible vivir la misión y el carisma de San José de Calasanz en América Latina. De hecho, numerosos religiosos, religiosas y laicos lo hacen. Sin embargo, ¿qué es lo propio y particular que aporta el carisma a la misión de la Iglesia en el continente? ¿qué aporta la Iglesia latinoamericana a la vivencia del carisma?

En el enlace siguiente te dejamos un breve artículo sobre esta relación, presentada en el Seminario de Espiritualidad Calasanz celebrado en Bogotá, Colombia, en 2014.

AportesEspiritualidadCalasanciaEnAL

PRECAUCIONES DE TERESA PARA NO INCURRIR EN CONDENA AL COMUNICAR SU EXPERIENCIA CRISTIANA

La experiencia espiritual de Teresa ha sido una de las más determinantes de la historia moderna y contemporánea. Sus escritos forman parte de un importante legado que nos revela las formas en las que Dios va transformando el corazón del creyente, y nos orienta sobre nuestra propia experiencia.

Los escritos de Teresa se desarrollan en la época moderna, que se mueve entre el giro antropocéntrico, el desarrollo científico y el cambio de paradigmas en la relación con la realidad. En la Iglesia, la Inquisición jugó un papel fundamental en la búsqueda de la estabilidad pasada y la condenación de todos aquellos cuya doctrina pudiese alejarse de la oficial y cuya experiencia pareciese “iluminista”. Teresa no escapa de ello.

La santa es una mujer profundamente espiritual, pero en riesgo de ser condenada si sus afirmaciones no corresponden con la doctrina cristiana. Aun cuando sabe que lo vivido sólo puede venir de Dios, por sus efectos y por el tipo de relación humanizadora que constituye, sabe que debe tomar las suficientes precauciones que le permitan comunicar su experiencia cristocéntrica para poder ser verificada y verse también ella libre de engaño.

1. Un libro para el confesor

Teresa escribe por obediencia sobre el modo de oración y los dones que el Señor le ha dado; y sabe que en ello está la voluntad de Dios. En el “Libro de la Vida” expone:

“Me han mandado y dado larga licencia para que escriba el modo de oración y las mercedes que el Señor me ha hecho” (Prólogo, 1)
y aún el Señor sé yo lo quiere muchos días ha, sino que yo no me he atrevido” (Prólogo, 2)

Teresa abre su experiencia a su confesor, a quien va dirigido el libro, a quien pide que pueda desaparecer aquello que pueda estar mal o fuera de doctrina. Además, suplica a su confesor que el libro pueda ser transcrito nuevamente si debe llevarse al P. Maestro Ávila para evitar que puedan reconocer su letra. Ella desea que pueda ser leído y así conocer el parecer del mencionado sacerdote, aunque sea en anonimato.

“Yo digo lo que ha pasado por mí, como me lo mandan. Y si no fuere bien, rompéralo a quien lo envío, que sabrá mejor entender lo que va mal que yo” (Cap. X, 7)
“Yo he hecho lo que vuestra merced me mandó en alargarme, a condición que vuestra merced haga lo que me prometió en romper lo que mal le pareciese… Suplico a vuestra merced lo enmiende y mande trasladar, si se ha de llevar al Padre Maestro Ávila, porque podría ser conocer alguien la letra. Yo deseo harto se dé orden en cómo lo vea, pues con ese intento lo comencé a escribir” (Epílogo, 2)

De esta manera, Teresa prevé que su libro puede contener afirmaciones que no obedecen a la doctrina de la Iglesia, sabiéndose como única autora de todo lo malo que en Él pueda haber. Ella se reconoce hija de la Iglesia, y en ella busca discernir y autenticar su experiencia espiritual. La acción que pueda realizar el padre confesor sobre sus escritos podría hablarle a ella de aquello que no es auténtico, y la sentencia del P. Maestro sería la confirmación o no de la veracidad de lo narrado. Esto le ayudaría a esclarecerse a sí misma, y avanzar en el camino de santidad. En este aspecto profundizaremos en los siguientes apartados.

2. Exigencia de confidencialidad y anonimato

Todo lo dicho por Teresa en los primeros capítulos puede comprenderse como narraciones autobiográficas, donde expone algunos acontecimientos importantes de su vida y su proceso de conversión. Teresa pide que sea publicado lo descrito en los primeros nueve capítulos. Sin embargo, a partir del décimo, en el cual comienza a hablar de su experiencia de oración y las mercedes que el Señor ha hecho en ella, es muy enfática al exigir a su confesor una absoluta confidencialidad. Esta confidencialidad es demandada ante el riesgo de que lo vivido esté más centrado en sus propias imperfecciones que en Dios. Teresa reconoce que en lo narrado puede haber algo que sea más fruto de sus afectos.

“Ya puede ser que yo, como soy tan ruin, juzgo por mí, que otros habrá que no hayan menester más de la verdad de la fe para hacer obras muy perfectas, que yo, como miserable, todo lo he habido menester” (Cap. X,6)

Aunque exige esta condición a su confesor, quien le manda a escribir, sabe que sus letras podrían ser conocidas por otros, por lo que pide, en este caso, el anonimato. Su deseo es que pueda llegar a conocerse lo que en sus escritos hay de Dios, y no de ella, suponiéndolo a Él como el único autor de todo lo bueno que pueda encontrarse. Teresa, como mujer de pocas letras, sabe que otros podrán decir cosas mejores sobre la oración; aun cuando también reconoce que Dios puede inspirar a los “poco letrados”, y darles las letras necesarias que puedan ayudar a plasmar su experiencia y ayudar así a otros.
En razón de lo anterior, podemos ver que Teresa escribe como parte de una exigencia apostólica: ayudar a otros en su camino de oración. Sin embargo, sabe que por su vida “ruin e imperfecta” mucho puede haber de ella y no de Dios en lo escrito. Para ello, la lectura de su confesor, la confidencialidad del texto y el anonimato en caso de que sea conocido por otros serán garantía para evitar una posible condenación y la utilidad de lo escrito para el provecho de las almas.

“Para lo que aquí en adelante dijere, no se la doy (la licencia para publicar) . Ni quiero, si a alguien lo mostrasen, digan quién es por quien pasó ni quién lo escribió; que por esto no me nombro ni a nadie… Bastan personas tan letradas y graves para autorizar alguna cosa buena, si el Señor me diere gracia para decirla, que si lo fuere, será suya y no mía”
“Ningún provecho tiene decir mi nombre: en vida está claro que no se ha de decir lo bueno; en muerte no hay para qué, sino para que pierda la autoridad el bien, y no la dar ningún crédito, por ser dicho de persona tan baja y tan ruin” (Cap. X, 7)

Esta exigencia abrirá la posibilidad de que pueda escribir todo el tratado de oración con libertad, y no con escrúpulo.

3. Confirmación por la autoridad eclesiástica de las verdades de fe

Teresa comprende que, al entregar el texto a su confesor, no está inconcluso. Para que pueda cumplir su cometido, el libro requiere de la intervención de su confesor, quien podrá garantizar la congruencia entre lo expresado en el tratado de oración y las verdades de fe.

“Lo que fuere más de decir simplemente el discurso de mi vida, tome vuestra merced para sí…, si fuere conforme a las verdades de nuestra santa fe católica; y si no, vuestra merced lo queme luego, que yo a esto me sujeto” (Cap. X,8)

Para la autora, es necesaria la intervención del confesor, quien podrá desengañarla en el caso de que haya podido desviarse de las verdades de fe. Por lo tanto, su experiencia podrá reconocerla como auténticamente cristiana sólo después de que su confesor haya podido eliminar lo que de malo haya, o incluso todo el escrito si fuera necesario.
Todo esto nos habla de una mujer creyente, que aun cuando vive una plena relación de amistad con Jesús, le resulta necesario que lo vivido y plasmado pueda ser discernido en la Iglesia, de la que se sabe hija.

De esta manera, Teresa autentica su experiencia espiritual, y la aleja de todo aquello que a ella pertenece y no a Dios.