Objetivo Venezuela: mantener las escuelas abiertas

15 junio, 2017

La apuesta de los escolapios no se detiene en medio de la crisis provocada por Maduro

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Prof. Katty Merchán, exalumna y responsable de la Asociación Itaka-Escolapios de Caracas

 

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Contemplación

16 julio, 2013

cruz


Evangelio del día (14/07/2013)

11 julio, 2013

BuenSamaritano


Háblame

28 mayo, 2013

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Jesús, háblame del Reino, como hablabas a la multitud que los perseguía en Betsaida.

Háblame de ese plan que tienes pensado desde el inicio de los tiempos.

Háblame con pasión de esa locura que nace del deseo, que se convierte en la esperanza en medio de la desesperanza.

Háblame de tu opción por la humanización mientras todos buscamos la felicidad convirtiéndonos en objetos de ideologías y de caprichos.

Háblame de esa fuerza que nace en tu interior, y que nos impulsa a nosotros al absurdo de la cruz, encontrando en ella redención.

Háblame de tu esperanza y tu certeza, en los momentos en los que pierdo las mías, y dejo el amor necesario para contemplar el mundo.

Háblame de tu manía con los enfermos, los pobres, los niños en riesgo, los adolescentes desorientados….

Háblame de la vida, cuando siento que pierdo en lo absurdo la mía.

Háblame del amor, cuando hemos aprendido a utilizarnos como objetos de placer unos a otros, conviviendo en la más mísera soledad.

Háblame con palabras convincentes, llenas de verdad, de belleza y de bondad,… indicio de la presencia de Dios en el “dabar”…

Háblame al oído de la verdad, cuando todos vociferan falsedades y resquemores…

Háblame desde una conciencia pura y limpia….

Háblame como quien habla al ser amado, revelándose y revelando lo íntimo del otro en palabras que contienen la única verdad

Háblame, Señor, como sólo Tú sabes hacerlo, entregándote plenamente

Háblame del Reino, porque mis ojos sólo ven el mal que hunde, deshumaniza, deforma, destruye…

Háblame, Señor, que tu siervo escucha….


Dios es luz

10 mayo, 2013

“Dios es luz sin mezcla de tinieblas” (1 Jn. 1, 5)

Así nos describe el autor de la primera carta de Juan el testimonio dejado por la comunidad cristiana a los seguidores de Jesús. Ante las diversas tendencias que negaban a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, el autor de la carta resalta: “Si decimos que compartimos su vida (la de Jesús) mientras caminamos a oscuras, mentimos y no procedemos con sinceridad” (1 Jn. 1, 6)

No he encontrado en este día una frase más clara de la situación actual que vivimos como Vida Religiosa y como Iglesia. Caminamos en medio de nuestras oscuridades, y afirmamos compartir su vida y su destino. Oscuridades que nos ciegan, marañas de sentimientos y sensaciones que nos hacen perder el sentido último de nuestra fe. Pareciese que el seguimiento a Jesús fuera compatible con todas nuestras oscuridades, mientras no nos tropecemos. Sin embargo, lo primero que podemos afirmar es que será muy probable el tropiezo, y aún si él, estaremos viviendo en la mentira y la falsedad. Compartir su vida SÓLO  es posible si caminamos en la luz, que es el mismo Dios. En definitiva, no podemos afirmar que le seguimos si nuestras actitudes y acciones niegan la centralidad de Cristo en nuestra vida personal y comunitaria. Si es así, nos estaremos engañando, y la oscuridad, la mentira y la falsedad serán las bases de nuestras incongruentes acciones.

La carta continúa con una afirmación que complementa y permite comprender la anterior. “Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros” (1 Jn. 1, 8) En definitiva: quienes andan en la oscuridad no pueden ver su pecado; por lo tanto, afirman que no han pecado y en consecuencia no necesitan ser convertidos. Creo que el mensaje es claro: a mayor oscuridad menos conciencia de pecado. Esto es perceptible en personas y comunidades: les es más difícil encontrar las actitudes e ideas que le alejan de Dios en la medida en que caminan en la oscuridad, en la ausencia de Dios. Por lo tanto, la presencia de Dios en nuestras vidas es luz que revela nuestro pecado, nos permite encontrarnos con la verdad personal y comunitaria.

Por lo tanto, creo que podemos afirmar que:

– el gran problema de nuestra vida de fe personal y comunitaria son los conflictos, sino la ausencia de luz, que nos hace caminar a oscuras afirmando falsamente que compartimos la vida y el destino de Jesús.

– necesitamos una gran dosis de realismo, que sólo vendrá dado en la medida en que aceptemos que Jesús es la única luz que puede revelarnos las oscuridades de nuestra vida.

– es necesario acercarse a quien es la palabra y la vida: éstas se han manifestado en la persona de Jesús. Dejarnos interpelar por sus actitudes y sus opciones: ante la mujer, ante el desvalido, ante los saduceos, fariseos, sumos sacerdotes, ante su propia familia, ante sus amigos, ante la realidad.

– Mentir es afirmar compartir su vida cuando en realidad andamos a oscuras. Peligro claro para la Vida Religiosa, que tradicionalmente ha sido considerada por sus miembros y por la Iglesia como el “reservorio de la verdad”. Seremos más auténticos en la medida en que dejemos que la luz de Dios revele nuestras propias herejías.

– ante una sociedad hipersensible, fragmentada e individualista, es importante sacar a la luz las formas en las cuales estas características forman parte de nuestra vida cotidiana. Sin eso, iremos perdiendo el sentido profunda de una entrega que, posiblemente, es más compensación que donación, sin descubrir las raíces de esta ausencia progresiva. Solamente reconociendo nuestro pecado podremos encontrar en Jesús la fuente de la vida y de la salvación.


Francisco

29 marzo, 2013

Posiblemente, algunos de los que se acercan a estas líneas piensan que encontrarán un hermoso discurso sobre la figura interesante del nuevo Obispo de Roma. O tal vez, imagine una alegoría sobre el hombre que supo llamar a la Iglesia a una vida de pobreza cuando había llegado a los límites posibles del despilfarro y la opulencia.

Pero no. Francisco es un hombre sencillo, un hombre de un barrio cualquiera de la ciudad de Caracas. Al verlo te impresiona su aspecto y su hedor a alcohol. Al acercarse, crees que no tiene nada importante que contarte, ni que decirte. Es un “borracho” más en la esquina de cualquier posilga, abundantes en nuestros barrios. Sin embargo, Francisco es el Jesús sufriente, que un Viernes Santo, minutos antes de iniciar el Viacrucis, me revela que la Pasión sigue actuando, que es Jesús quien ha venido a nosotros para revelarnos desde el sufrimiento el poder del amor.

Francisco perdió a su esposa por un hombre alcoholizado que iba conduciendo un vehículo y, como dice él, “le arrebató a su esposa de las manos”. Fue cristiano practicante (su léxico permite saber que es así), hizo itinerarios catequéticos que le llevaron a conocer a Dios. Pero el dolor de la pérdida ha sido mucho más fuerte que él, si a eso sumamos un hermano esquizofrénico con quien comparte la habitación, y que le ha obligado a dejar a su hija de siete años en las manos de su madre, mayor de 80 años, en Valencia. Francisco perdió a su mujer e, indirectamente, a su hija, “el único tesoro que le daba sentido a su vida”

Francisco se sumergió en el alcohol. Como lo dice él, el alcohol le quitó lo más sagrado de la vida, y poco a poco le está arrebatando la vida misma. Es consciente de su dependencia, sabe que ya es difícil salir de ella, sabe que sería capaz de cualquier cosa con tal de volver a vivir. “No puedo, padre”, es lo que pronuncia repetidas veces. No puedo vivir, no puedo perdonar, no puedo estar sin mi hija, no puedo estar si ella, aunque ella está en mí en todo momento, no puedo soñar, no puedo encontrar sentido a todo esto. Sólo el alcohol parece facilitar la vida… engañado vive, sabiéndose engañado, prefiriendo vivir así y no delante de la verdad….

Francisco llegó minutos antes de iniciar el Viacrucis. “Padre, sáqueme este demonio que me come por dentro”… Una traducción sencillo de “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” El Viacrucis comenzó desde el momento en el cual a Francisco le arrebataron su más preciado tesoro. El Viacrucis había comenzado para él hace mucho tiempo, por eso llegaba ya cansado, sin ganas de caminar. Francisco vivía para no morir, y Jesús moría para darnos vida. Allí estaba el rostro sufriente. Hoy, como la Verónica, quiero dejar su rostro en mi paño, en estas letras que buscan conservar en el tiempo la revelación más clara de la vida… Jesús sigue muriendo en miles de historias rotas que caminan por nuestro barrio. Francisco es un hombre que revela el rostro del Siervo Sufriente. Francisco se convierte en llamada, en el eco de miles de gritos que nacen del fondo de una humanidad rota, es la expresión viva de que la cruz sigue siendo cargada por miles y miles de hombres y mujeres….

Que el Señor saque de tu corazón, Francisco, todo odio y resentimiento. No puedo decirte nada más, sólo el Crucificado puede ayudarte a llevar tu cruz. Sólo Él puede comprender tu dolor. Tu dolor sobrepasa el dolor de cualquier hombre; creo que nunca podremos conocer la profundidad del amor que te ha llevado a tanto sufrimiento. Perdona, aunque no tenga sentido. Vive, aunque la vida no tenga sentido en este instante. Carga su cruz, seguramente será más ligera al final del camino. No desmayes, sólo tú puedes llevar la cruz hasta su destino final. Sólo Él tiene palabras de vida eterna….


Buscan apedrearte… Inspiración desde el Evangelio de Juan

21 marzo, 2013

Buscan apedrearte quienes no comprenden tu misión en este mundo, Jesús.

Buscan apedrearte quienes se creen dueños de la verdad, y la convierten en un arma para destruir a otros.

Buscan apedrearte quienes creen que ya han sido salvados por pertenecer a una institución, a un grupo de “elegidos”, y condenan al pecador.

Buscan apedrearte en una infinitud de mujeres a las que se les pisotea su dignidad día a día.

Buscan apedrearte quienes toman el poder y quieren usurparte.

Buscan apedrearte quienes, con indiferencia, ven la violencia como una forma de vida imposible de transformar.

Buscan apedrearte quienes no han encontrado en Ti al Hijo, al elegido.

Buscan apedrearte los fariseos de turno, que condenan y señalan, y no son capaces de ver su falta de autenticidad.

Buscan apedrearte quienes piensan que son otros los que te juzgan, y no se reconocen entre los que han lanzado ya la primera piedra.

Buscan apedrearte quienes te sustituyen por imágenes falsas, y le colocan tu nombre.

Buscan apedrearte quienes viven de los demás, considerando esto una forma natural de vivir en sociedad.

Buscan apedrearte quienes convierten la religión en status y poder.

Buscan apedrearte quienes mantienen sus ojos cerrados ante la miseria de tantos.

Buscan apedrearte, Señor, buscan apedrearte


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

... un espacio para seguir dando pasos...

Escuela de Educadores Escolapios

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