Juicio Final

21 junio, 2017

Tuve hambre y me diste de comer,

Tuve sed y me diste de beber,

Tuve miedo y me diste valor

Tuve rabia y me diste perdón

Me desnudaron y me cubriste,

Estuve herido y me auxiliaste.

Fui golpeado y me cuidaste

Me dispararon; tú sanaste mis heridas.

Lloré como un niño, y me consolaste.

Pensé en darlo todo, y me dijiste que debía entregarme yo,

Olvidé mi dignidad, y Tú la convertiste en la razón de mis luchas.

Todo lo veía oscuro, tú lo hiciste tricolor.

Convertiste el hambre en la fuente de mi energía,

La enfermedad incurada en la fuente de mi salud,

La injusticia en la mecha que enciende las ganas de seguir luchando,

La ausencia de futuro en la intensidad del presente.

Pensé que había que alcanzar la paz, y me dijiste que la paz es el camino.

Pensé que era un sueño; abriste mis ojos, y vi que era más real que mi existencia.

 

 


Un falso desencuentro, en una Venezuela encontrada

16 junio, 2017

Roberto bajó desde temprano las escaleras del barrio. Llevaba puesta su camisa roja, con los ojos del supremo. Su gorra la había obtenido en una de las marchas, a las que nunca faltaba. Debía defender el legado, costase lo que costase. Gracias a él, había obtenido su casa, y había dejado atrás el barrio donde años antes su hermano había sido asesinado.

Algunas miradas se atravesaban, otras transmitían el beneplácito de quienes hallaban en el un defensor de la causa. En sus manos, un gran estandarte del líder fallecido, el mismo al que su madre le colocaba una vela todas las noches para pedirle por el país y por el cese de la violencia. Para llegar a su destino debía atravesar la masa de gente con banderas tricolores y gorras muy semejantes a las suyas pero con una ligera diferencia que los distanciaba kilométros de antipatía y enemistad.

Mientras tanto Jorge estaba entre la inmensa humanidad reunida en el descontento de una revolución que, según él, había dejado muerte, odio, hambre y fracaso. No conocía a Roberto… para él solo podían ser aduladores sin capacidad de pensar y de descubrir el legado de miseria y de destrucción. Escuchaba todos los días, en horas de la noche, los discursos de los diferentes líderes de los partidos políticos que se unían en contra de la barbarie. Sabía que la causa era justa; y de cualquier manera “había que salir de esto”. Cada marcha, cada convocatoria era una descarga de profunda adrenalina. Sabía que, si no había futuro en este país, tampoco valía el presente. Se arriesgaba, a pesar de que su madre se quedaba pensativa en casa, orando a la Virgen para que su hijo regresase vivo. Ya había recibido sus lecciones; las marcas de su cuerpo así lo gritaban al mundo. Se enorgullecía de ellas, pues para muchos eran las marcas de los liberadores de la dictadura.

Roberto se atrevió, a pesar del terror que cubría su piel. Pasaba en medio de hordas que gritaban e insultaban a quien él adulaba. Rabia y rencor se despertaba en él, podía transmitirlo su mirada. Guardó su gorra, pero lucía orgulloso su franela carmesí. Pero nadie tuvo tiempo de reaccionar ante su presencia… Una ráfaga de sonidos estruendoso, segundos de tiempo, espantos de olores que arden en el rostro, están acompañados de un gran caos, de gritos y llantos. Todos corren, uno de “ellos” está tendido en el piso. La sangre, del mismo color de su franela, se desliza con lentitud, de manera macabra, por el pavimento…

Se acerca, mientras todos huyen. En medio del llanto que producen esos olores nauseabundos que nacen de las armas, se acerca. Ve su rostro. Todas las imágenes caen. No era un terrorista, no tenía armas en sus manos, tenía tatuado en sus brazos el mismo mapa que encontraba en su franela. El color de la sangre de la víctima le unía al color que le vestía. Vio sus ojos; su cabeza se convirtió en un torbellino de ideas que se negaban unas a otras; se sentía despojado de sus convicciones y esperanzas.

Jorge sólo veía como sus aliados habían huido, dejándolo en medio de la desgracia porque la patria los necesitaba. Se encontraba allí, tendido, en los brazos del enemigo. Vio su rostro… no estaba armado, no gritaba ni insultaba, no defendía lo indefendible, no había huido a pesar de los beneficios que, según sus líderes, le esperaban sí asistía puntualmente a la próxima concentración oficial. Su cabeza se convirtió en un torbellino de ideas que se negaban unas a otras; se sentía despojado de sus convicciones y esperanzas….

Jorge y Roberto se encuentran drásticamente. Todo se tambaleaba; solo permanecía la mirada, que descubría el misterio que escondía uno para el otro. Todo lo anterior parecía infundado, falso, rechazado… sólo podían hallar la verdad que se encuentra en el rostro del hermano.


Objetivo Venezuela: mantener las escuelas abiertas

15 junio, 2017

La apuesta de los escolapios no se detiene en medio de la crisis provocada por Maduro

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Prof. Katty Merchán, exalumna y responsable de la Asociación Itaka-Escolapios de Caracas

 


Todos juzgamos

7 abril, 2014

Al igual que los fariseos, todos juzgamos.

Juzgamos a quien comente la falta, considerándonos dioses pulcros e inmaculados.

Juzgamos, sin darnos cuenta que somos reos de nuestro propio juicio.

Juzgamos sin libertad, arrastrando a nuestras cárceles de vida a quienes buscan afanosamente la felicidad sin encontrarla.

Juzgamos a quien piensa distinto, sueña distinto, siente diferente, comprende su humanidad desde otros modos de vida.

Juzgamos a quien roba, asesina, se prostituye, condena,… y también a quien piensa, sueña, genera cambios, fortalece lo bueno, trabaja por la justicia, toma el lado de los pobres, amenaza con su testimonio de libertad a quienes nos hayamos aún encerrados en nuestras mallas de soberbia y orgullo.

Juzgamos considerando a quien es juzgado una persona menos persona que nosotros.

Juzgamos, y al hacerlo, criminalizamos acciones que pueden llevar  a la vida.

Jesús también fue juzgado. La adúltera, aun con su pecado, recibió indiferencia. Jesús, aún con su inocencia, recibió ensañamiento.

No juzgues, y aún así serás juzgado por quienes se sienten dueños de la verdad. No juzgues, y aún así serás amenazado por dedos que señalan tu forma de actuar y de vivir. No juzgues, sabiendo que aún sin hacerlo seguirás siendo víctima de cientos de verdugos que se conducen ciegos por la vida.

Quien es verdaderamente dueño de la Verdad, la única, la que nace de Dios, nunca juzga. Sólo acepta incondicionalmente, ama a pesar de las diferencias, comprende que hay mil maneras de construir el Reino de Dios, es misericordioso.

Dios no es justo, de acuerdo a la justicia retributiva de nuestras sociedades enfermas. Dios es misericordioso; convirtiendo a quien actúa injustamente, haciendo renacer un corazón de carne donde sólo había escombros.

Quien juzga no es libre ni libera; sólo dilata las paredes de su propia cárcel para que entren otros.

Quien juzga es miserable; pierde la alegría de vivir, y trabaja porque otros la pierdan.

Quien juzga muere en vida; quien perdona, vive a pesar de las realidades de muerte en las que su existencia se encuentra inmersa.

No juzgues, y serás juzgado…


Jazmines en el Lídice

28 julio, 2013

Meche… la tristeza te engaña, haciéndote creer que hace seis años se acabó la vida, la felicidad, la humanidad…

Aída… la mujer que sueña con salir del barrio, se hace extraña a él, pero no de ser parte de ese mundo insólito de relaciones que nos atrapan como una red a nuestro terruño…

Anabel… tu fortaleza es la máxima expresión de tu debilidad…

Dayana… das vida a tu niño asesinado aferrándote a la niñez perdida, a la inocencia dejada en el tiempo….

Yoli… entre tus santos y el alcohol, buscas ahogar el dolor y las preguntas que surgen ante el absurdo de la violencia que te arrebató lo más preciado….

Sandra… has muerto, has perdido la vida, has entumecido tus huesos que ya no bailan, y tu corazón que ya no sienten…

Todas ustedes han sido víctimas, a pesar de esa culpabilidad que les acompaña desde hace seis años, cuando sus hijos fueron acribillados. Hoy, en el aniversario de vida de Dayana, sólo la muerte parece tener la última palabra, y la existencia se eterniza dando giros intolerables ante el mal. Allí, en ese barrio del Lídice, cuyo nombre conmemora paradójicamente la masacre de 1942…

En la historia, seis mujeres que han perdido a sus seres queridos se reúnen para un cumpleaños y para hablar del recuerdo | FOTO Leonardo Guzmán

Hoy, Lídice, es lugar de muerte y de resignación. Es lugar donde se existe, pero no se vive; se sueña con el temor de encontrarse con la realidad; se grita, aunque lo verdaderamente dicho sea incomprensible.

En un pais donde nuestros jóvenes mueren por la violencia, no nos queda más que reconocer que

“en la tierra donde mueren nuestros hijos, es la tierra donde nacen las flores”

Organización Esperanza Venezuela

 


Atados

27 junio, 2013

Atados a cadenas inexistentes que nos paralizan, y no nos permiten seguirte.

Paralizados ante la mirada de quien es la Vida, la Verdad y el Camino.

Atados a sepulturas, a la podedumbre de la muerte, refugiados en vacíos ataúdes para no vivir el riesgo de seguir tus pasos, y llegar a la paradoja de la cruz.

Paralizados ante quien nos invita a caminar, a dejar las amarras, y vivir a plenitud…

Atados a nuestros propios pies, hechos para caminar, y ahora punto muerto de una parálisis que nos mata interiormente…

Paralizados ante la fuerza del Evangelio, que todo lo transforma, todo lo convierte, todo lo sana, todo lo renueva.

Atados a irreales circunstancias, mientras nuestros ojos se hacen testigos de tu constante lejanía

Paralizados con la vista puesta en Él, reconociendo el deseo que hay en nuestro corazón de seguirle más allá de la muerte misma

Atados a una historia, que paradójicamente, marca su propio fin, y se niega a seguir trazando su sendero.

Paralizados por la mediocridad de lo relativo y circunstancial

Atados a falsas ideologías, que nos sumergen en el sentido de lo absurdo.

Paralizados en medio de personas que nos ofrecen el amor, y al final nos hacen objetos complacientes de sus carencias.

Atados a una violencia sin fin, que destruye la vida creada para dar más vida a plenitud.

Paralizados en medio de quienes huyen de su soledad en medio de amistades que compensan sus propias necesidades.

Atados a las formas, porque ya hemos perdido el fondo.

Paralizados por el aislamiento  de nuestros sentidos, que desde hace mucho tiempo han dejado de percibir el milagro de la Vida.

Atados a las máscaras, que se adhieren al rostro y se confunden con él, encerrándonos en la absurda fantasía de la realidad.

Paralizados porque ya hemos perdido la esperanza.

Atados a una falsa institucionalidad, que desde hace mucho tiempo murió y nos arropa en sus cadavéricas sombras.

Atados y paralizados en una frívola sociedad, donde luchamos por mantener encendida, en medio de fuertes vientos y lluvias torrenciales, la llama que ya se ha extinguido…


No llores

4 junio, 2013

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu dolor y tu llanto. Con tu hijo, sientes que lo has perdido todo, que ya nada tiene sentido.

No llores. Muchas también hoy se lamentan por la pérdida de lo más valioso. Algunas lo han perdido por el misterioso mal que habita en nuestra carne débil. Otras, por el misterioso mal que habita en el corazón de otros, que genera muerte y violencia.

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu súplica. La vida no ha perdido su sentido, a pesar de haber perdido lo más valioso. Has perdido personas amadas, pero no has perdido en Amor. Has perdido vida, pero no has perdido a quien es la fuente de toda vida. Has perdido el sendero, pero no has perdido la brújula. Has perdido mucho, pero no lo has perdido todo.

No llores. Tu hijo está en el lugar del cual salió. Porque tu hijo no salió primero de tu vientre, sino de la creación amorosa de Dios, quien quiso compartir contigo aquello que te hace imagen y semejanza de Él: la maternidad. Hoy, tu hijo está con el Padre, esperando con los brazos abiertos tu llegada; Jesús le ha devuelto la vida, y sólo espera entregártelo en vida plena el último día.

No llores, mujer. También María, madre de Dios, ha vivido en carne propia tu dolor. Ha gritado desde el dolor, porque la violencia y la muerte no saben de amor; separa lo que nunca ha debido dividirse. Pero ella, como tú, levanta sus ojos al cielo, guarda todo en su corazón, y espera la venida de quien nunca debió partir.

No llores. Tu vida sigue siendo vida. El llanto es sólo para quienes han perdido lo que la fe nos asegura. El llanto es sólo para quienes no han descubierto que sólo Dios basta.

No llores. “Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo”

(Reflexiones del Evangelio del domingo 09 de junio 2013, tomada del Evangelio de Lucas 7,11-17)


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

... un espacio para seguir dando pasos...

Escuela de Educadores Escolapios

Provincia de Centroamérica y Caribe