Lázaro hoy está en medio de nosotros. Reflexiones del Evangelio del Día

20 marzo, 2014

Lázaro hoy se ha multiplicado en millones de personas que viven en la periferia de nuestras ciudades, al margen de los ricos que habitan la ciudad.

Lázaro hoy muere decenas de veces, por las balas que atraviesan los cuerpos de muchos hombres en edad juvenil.

Lázaro hace largas filas, por horas, para encontrar a bajo costo los alimentos.

Lázaro es engañado con doctrinas falsas, que le hacen creer que algún día podrá vivir como los epulones.

Lázaro carece de estudios y de formación de calidad; le engañan diciéndole que en la escuela podrá prepararse para vivir mejor.

Lázaro hoy tiene la esperanza de que todo cambiará, cuando todo está hecho para que siga igual.

Lázaro es golpeado y torturado por quienes le prometieron que ejercerían el poder a su favor.

Lázaro hoy está en siendo utilizado por quienes no tienen otra ambición que el poder.

Lázaro hoy es asaltado en la calle, mientras que los epulones gozan de la mejor seguridad.

Lázaro hoy canta, en medio de las desesperanzas, porque la esperanza es lo que los ricos nunca han podido robarle.

Las llagas de Lázaro no solo satisfacen a los perros; de ellas se alimentan las ansias del poder de los ricos.

Lázaro hoy vive, a pesar de que muchos quieran asesinarlo. Su vida nace del Espíritu, y no de la carne.

Lázaro será quien nos juzgue al final de nuestra historia.

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“Tú sabes que lo hemos dejado todo…” (Mc. 10,28)

4 marzo, 2014

Jesús y Pedro se encuentran, en uno de esos momentos álgidos que caracterizaron la relación de Jesús con sus discípulos. Era para ellos difícil comprender la magnitud de la obra de Jesús; y era difícil para Jesús evidenciar la poca capacidad que tenían sus discípulos para interpretar los numerosos signos y señales que iba realizando en medio de ellos.

En uno de esos encuentros, Pedro le reclama a Jesús: “Tú sabes que lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” Pedro quiere hacerle ver al Maestro la totalidad de entrega a la causa del Reino. Pedro se sabe ya despojado de todo; una exigencia más de Jesús puede parecer inverosímil. Sin embargo, Jesús le convence de que el abandono por la causa del Reino se convierte en ganancia. ¡Cuán difícil es reconocer nuestra necesidad de dejarlo todo! ¡Cuántas veces nos vamos llenando de afectos desordenados, de objetos, de poder, de ideas, de juicios de valor, de sentimientos, en una reconquista latente de lo dejado!

Sin duda alguna, la promesa de Jesús aún está por realizarse. La promesa de Jesús, aunque multiplica por cientos lo relegado, implica de parte del discípulo una actitud ascética, a la que poco estamos dispuestos en una sociedad de consumo. Preferimos los “ajos y cebollas” de la esclavitud, porque nos satisfacen y complementan, pero van erosionando el corazón y la vida.

Estamos delante de una generación cristiana hartos de todo, altamente complacida en los valores del poder, del consumo, de las relaciones compensatorias, de las ideologías deshumanizantes, sin capacidad de abandonarlo todo y seguir a Jesús de Nazaret.

“Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Tú dices: “Soy rico; me he enriquecido; nada me falta”. Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo.
Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista.
Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. = Sé, pues, ferviente y arrepiéntete.” (Ap. 3,15)


El difícil todo…

16 julio, 2013

Tan sólo mejor
que la mejor parte
que escogió Maria,
el difícil todo.

Acoger el Verbo
dándose al servicio.
Vigilar Su Ausencia,
gritando su nombre.
Descubrir Su rostro
en todos los rostros.

Hacer del silencio
la mayor escucha.
Traducir en actos
las Sagradas Letras.

Combatir amando.
Morir por la vida,
luchando en la paz.

Derribar los troncos
con las viejas armas
quebradas de ira,
forradas de flores.

Cantar sobre el mundo
el Advenimiento
que el mundo reclama
quizá sin saberlo.

El difícil todo
que supo escoger
la otra María…

(Pedro Casaldáliga)


Contemplación

16 julio, 2013

cruz


Mientras Jesús va de camino a Jerusalén…

27 junio, 2013

ImagenMientras Jesús va de camino a Jerusalén, donde se desarrollarán los “últimos” acontecimiento de su vida (Pasión, Muerte y Resurrección), el Evangelio de Lucas nos coloca delante de ese momento en el cual el Hijo de Dios se encuentra con diversos personajes, unidos por el deseo de seguir a Jesús, pero confrontados con la ausencia de libertad y sus propias inconsistencias existenciales.

En este texto se presentan tres personajes, que según mi parecer, son una pequeña muestra de la originalidad con la cual el Señor nos llama a cada uno. Cada uno de ellos puede, sin embargo, revelarnos diversos aspectos que pueden iluminar nuestro propio camino de seguimiento.

El primer personaje que nos presenta Lucas carece de la suficiente conciencia para hallar lo que implica el seguimiento. Parece no conocer el destino final del camino iniciado por Jesús hacia Jerusalén. El joven parte desde la voluntad y el deseo que anidan profundamente en su corazón, pero parece carecer del realismo necesario para poder iniciar el sendero. Jesús no le engaña con discursos “atractivos”; al Señor no le interesa “llenarse” de seguidores, sino la autenticidad para quienes lo siguen y de quienes le siguen. Como vemos, la autenticidad tiene el punto de partida en Jesús, no en el discípulo. Sólo “reconociendo” la autoridad y claridad del Señor, podremos reconocer nuestras limitaciones y hacer el recorrido.

Los otros dos personajes representan, a mi modo de ver, lo complejo del camino de Jesús. Entre el seguimiento y los afectos hay contraposiciones; la libertad afectiva es punto de partida y punto de llegada en este sendero. A Jesús sólo puede seguírsele si hay una conciencia clara de la libertad que generará este seguimiento. Si no es así, se darán, según el Evangelio, dos posibilidades:

– la conciencia de la muerte, que paraliza y aliena al ser humano. La muerte como destino último de la vida, como lo esperado, lo padecido, lo sufrido, y en consecuencia, lo deshumanizante y el gran absurdo de la vida. No se reconoce a la muerte, por tanto, como un paso, sino como un catastrófico absoluto. En esta lógica, la muerte relativiza la vida, quitándole su sentido absoluto. En esta conciencia radica el seguimiento de aquellos “creyentes” que han perdido la esperanza, se “acoplan” a los valores de hoy, no encuentran la vida como el lugar teológico donde Dios se revela, buscan pequeñas “seguridades”, convierten los objetos,  los logros, las situaciones en el punto central de su existencia, sin darse cuenta que viven en panteones y pierden su vida en medio de brillantes cementerios.

– la conciencia de abandono, que mantiene vivo en el corazón lo que paraliza al creyente. Es la de aquellos creyentes que se debaten constantemente entre el seguimiento y sus carencias y debilidades, que buscan mantener vivo en el corazón lo que, por opción, ha sido abandonado. Es la realidad de muchos que, después de un pequeño o largo camino, mantienen vivo lo que debió morir, resistiéndose al necesario duelo. Como vemos en el Evangelio, es una condición de la cual sólo puede concluirse la ausencia de aptitud, sin posibilidades reales de continuar el camino. Es la condición de muchos creyentes que llevan una vida paralela, que buscan adecuar valores contrarios al Evangelio con la vida, evitan el conflicto que genera la fe y su centralidad en la existencia humana, y terminan viviendo desde lo “abandonado”

“Señor, que podamos seguirte sin condiciones, que podamos asumir con valentía las consecuencias del seguimiento, y que podamos comprometernos con la libertad que genera ir tras de tus huellas”

 


No llores

4 junio, 2013

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu dolor y tu llanto. Con tu hijo, sientes que lo has perdido todo, que ya nada tiene sentido.

No llores. Muchas también hoy se lamentan por la pérdida de lo más valioso. Algunas lo han perdido por el misterioso mal que habita en nuestra carne débil. Otras, por el misterioso mal que habita en el corazón de otros, que genera muerte y violencia.

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu súplica. La vida no ha perdido su sentido, a pesar de haber perdido lo más valioso. Has perdido personas amadas, pero no has perdido en Amor. Has perdido vida, pero no has perdido a quien es la fuente de toda vida. Has perdido el sendero, pero no has perdido la brújula. Has perdido mucho, pero no lo has perdido todo.

No llores. Tu hijo está en el lugar del cual salió. Porque tu hijo no salió primero de tu vientre, sino de la creación amorosa de Dios, quien quiso compartir contigo aquello que te hace imagen y semejanza de Él: la maternidad. Hoy, tu hijo está con el Padre, esperando con los brazos abiertos tu llegada; Jesús le ha devuelto la vida, y sólo espera entregártelo en vida plena el último día.

No llores, mujer. También María, madre de Dios, ha vivido en carne propia tu dolor. Ha gritado desde el dolor, porque la violencia y la muerte no saben de amor; separa lo que nunca ha debido dividirse. Pero ella, como tú, levanta sus ojos al cielo, guarda todo en su corazón, y espera la venida de quien nunca debió partir.

No llores. Tu vida sigue siendo vida. El llanto es sólo para quienes han perdido lo que la fe nos asegura. El llanto es sólo para quienes no han descubierto que sólo Dios basta.

No llores. “Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo”

(Reflexiones del Evangelio del domingo 09 de junio 2013, tomada del Evangelio de Lucas 7,11-17)


Háblame

28 mayo, 2013

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Jesús, háblame del Reino, como hablabas a la multitud que los perseguía en Betsaida.

Háblame de ese plan que tienes pensado desde el inicio de los tiempos.

Háblame con pasión de esa locura que nace del deseo, que se convierte en la esperanza en medio de la desesperanza.

Háblame de tu opción por la humanización mientras todos buscamos la felicidad convirtiéndonos en objetos de ideologías y de caprichos.

Háblame de esa fuerza que nace en tu interior, y que nos impulsa a nosotros al absurdo de la cruz, encontrando en ella redención.

Háblame de tu esperanza y tu certeza, en los momentos en los que pierdo las mías, y dejo el amor necesario para contemplar el mundo.

Háblame de tu manía con los enfermos, los pobres, los niños en riesgo, los adolescentes desorientados….

Háblame de la vida, cuando siento que pierdo en lo absurdo la mía.

Háblame del amor, cuando hemos aprendido a utilizarnos como objetos de placer unos a otros, conviviendo en la más mísera soledad.

Háblame con palabras convincentes, llenas de verdad, de belleza y de bondad,… indicio de la presencia de Dios en el “dabar”…

Háblame al oído de la verdad, cuando todos vociferan falsedades y resquemores…

Háblame desde una conciencia pura y limpia….

Háblame como quien habla al ser amado, revelándose y revelando lo íntimo del otro en palabras que contienen la única verdad

Háblame, Señor, como sólo Tú sabes hacerlo, entregándote plenamente

Háblame del Reino, porque mis ojos sólo ven el mal que hunde, deshumaniza, deforma, destruye…

Háblame, Señor, que tu siervo escucha….


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

... un espacio para seguir dando pasos...

Escuela de Educadores Escolapios

Provincia de Centroamérica y Caribe