Escribir

26 agosto, 2012

Desde hace varios meses dejé de plasmar vivencias, experiencias e ideas, por la relativización que solemos hacer de lo importante cuando tenemos muchas tareas urgentes. Sin embargo, los últimos acontecimientos que vienen sucediéndose en nuestro país resuenan en mí y despiertan una fuerza que me mueve, nuevamente, escribir. En medio de ellos, y aprovechando el descanso familiar, puedo sentarme, puedo colocar nuevamente las falanges sobre el teclado, y volver a escribir sin la motivación que da el deber, sino el placer. Además de los hechos que saltan a la vista, también la lectura del revelador texto “Cuba Libre”, de Yoani Sánchez (conocida bloguera cubana) me ha convencido de que tenemos aún un sin fin de oportunidades que aún nos brinda nuestra sociedad y que desaprovechamos ampliamente, y una de ellas es la de escribir y dejar que otros, por el milagro de la red, puedan leerte libremente…

En los actuales momentos, nuestro país se debate en diversas situaciones que, al evidenciarlas globalmente, nos reflejan la verdad como una radiografía de un paciente puede evidenciar su estado crítico. Puentes caídos, fugas de gas en la capital, lluvias que desploman trozos de pueblos y ciudades, vías de comunicación colapsadas, y por último, la gravísima explosión en la refinería de Amuay (Edo. Falcón)… se suman a un sin fin de libertades sancionadas, a la hegemonía ideológica…

Todos los “síntomas” descritos conviven con el desarrollo una campaña electoral entre quienes ostentan el poder socialista y revolucionario desde hace 12 años (y en consecuencia, responsables de la situación descrita), y quienes buscan transformar desde las bases convirtiendo al país en un mundo diferente, pero recurriendo a fórmulas del pasado ya caducas y obsoletas. Esta campaña permite a los venezolanos y venezolanas soñar con una nación diferente; sueños que se convertirán en frustraciones que trastornarán nuestra psique y, de no saberse manejar, seguirán llevando a la polarización política a las familias, las empresas, el gobierno, el Estado….

Sin embargo, no podemos dejar de afirmar que todos los síntomas de hoy son reflejo de una enfermedad que está en “nuestro cuerpo” desde hace varios años. La politización de todas las áreas del país, y el deseo de implementar la “revolución” en todas las dimensiones de la vida pública y privada, la prioridad del discurso por encima de los hechos, la falta de mantenimiento preventivo de toda la infraestructura que sostiene nuestro país, la ideologización por encima del servicio a un pueblo, la fija idea de uniformar lo que en un principio se define como plural: el pensamiento crítico, el monopolio de la vida política han dejado, evidentemente, a un país en estado de emergencia.

No creemos en falsos mesías, en seres sobrenaturales que brinden salidas inmediatas a los efectos devastadores de la guerra que vivimos en este pequeño espacio del mundo. Creo en quienes desean brindar al país lo mejor de sí mismos, en los jóvenes que sueñan y trabajan por un país diferente. Creo en quienes depositamos nuestra confianza en el trabajo disciplinado, en la formación continua, en el logro de metas que lleven a nuestro pueblo a una mejor calidad de vida, en valores sustentados que superan todo familiarismo y ventajismo. Creo en los hombres y mujeres que trabajan en las labores menos remuneradas por pasión y vocación. Será ellos los que transformen, desde el fondo, esa terca dualidad con la que nos golpeamos cada día, y los que curen a este pobre país enfermo, liberándolo de los síntomas que le hunden en un sentimiento de devastación y frivolidad.

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