Francisco

29 marzo, 2013

Posiblemente, algunos de los que se acercan a estas líneas piensan que encontrarán un hermoso discurso sobre la figura interesante del nuevo Obispo de Roma. O tal vez, imagine una alegoría sobre el hombre que supo llamar a la Iglesia a una vida de pobreza cuando había llegado a los límites posibles del despilfarro y la opulencia.

Pero no. Francisco es un hombre sencillo, un hombre de un barrio cualquiera de la ciudad de Caracas. Al verlo te impresiona su aspecto y su hedor a alcohol. Al acercarse, crees que no tiene nada importante que contarte, ni que decirte. Es un “borracho” más en la esquina de cualquier posilga, abundantes en nuestros barrios. Sin embargo, Francisco es el Jesús sufriente, que un Viernes Santo, minutos antes de iniciar el Viacrucis, me revela que la Pasión sigue actuando, que es Jesús quien ha venido a nosotros para revelarnos desde el sufrimiento el poder del amor.

Francisco perdió a su esposa por un hombre alcoholizado que iba conduciendo un vehículo y, como dice él, “le arrebató a su esposa de las manos”. Fue cristiano practicante (su léxico permite saber que es así), hizo itinerarios catequéticos que le llevaron a conocer a Dios. Pero el dolor de la pérdida ha sido mucho más fuerte que él, si a eso sumamos un hermano esquizofrénico con quien comparte la habitación, y que le ha obligado a dejar a su hija de siete años en las manos de su madre, mayor de 80 años, en Valencia. Francisco perdió a su mujer e, indirectamente, a su hija, “el único tesoro que le daba sentido a su vida”

Francisco se sumergió en el alcohol. Como lo dice él, el alcohol le quitó lo más sagrado de la vida, y poco a poco le está arrebatando la vida misma. Es consciente de su dependencia, sabe que ya es difícil salir de ella, sabe que sería capaz de cualquier cosa con tal de volver a vivir. “No puedo, padre”, es lo que pronuncia repetidas veces. No puedo vivir, no puedo perdonar, no puedo estar sin mi hija, no puedo estar si ella, aunque ella está en mí en todo momento, no puedo soñar, no puedo encontrar sentido a todo esto. Sólo el alcohol parece facilitar la vida… engañado vive, sabiéndose engañado, prefiriendo vivir así y no delante de la verdad….

Francisco llegó minutos antes de iniciar el Viacrucis. “Padre, sáqueme este demonio que me come por dentro”… Una traducción sencillo de “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” El Viacrucis comenzó desde el momento en el cual a Francisco le arrebataron su más preciado tesoro. El Viacrucis había comenzado para él hace mucho tiempo, por eso llegaba ya cansado, sin ganas de caminar. Francisco vivía para no morir, y Jesús moría para darnos vida. Allí estaba el rostro sufriente. Hoy, como la Verónica, quiero dejar su rostro en mi paño, en estas letras que buscan conservar en el tiempo la revelación más clara de la vida… Jesús sigue muriendo en miles de historias rotas que caminan por nuestro barrio. Francisco es un hombre que revela el rostro del Siervo Sufriente. Francisco se convierte en llamada, en el eco de miles de gritos que nacen del fondo de una humanidad rota, es la expresión viva de que la cruz sigue siendo cargada por miles y miles de hombres y mujeres….

Que el Señor saque de tu corazón, Francisco, todo odio y resentimiento. No puedo decirte nada más, sólo el Crucificado puede ayudarte a llevar tu cruz. Sólo Él puede comprender tu dolor. Tu dolor sobrepasa el dolor de cualquier hombre; creo que nunca podremos conocer la profundidad del amor que te ha llevado a tanto sufrimiento. Perdona, aunque no tenga sentido. Vive, aunque la vida no tenga sentido en este instante. Carga su cruz, seguramente será más ligera al final del camino. No desmayes, sólo tú puedes llevar la cruz hasta su destino final. Sólo Él tiene palabras de vida eterna….

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