“No tengan miedo”

8 agosto, 2017

No tengan miedo, porque no hay nada oculto que no pueda llegar a saberse.

No tengan miedo de los que matan al cuerpo, pero no el espíritu.

No tengan miedo, pues cada uno de ustedes vale más que cualquier otro ser viviente que habite sobre la tierra.

No tengan miedo, porque son mis hijos predilectos.

No tengan miedo cuando los injurien y calumnien, porque yo estaré con ustedes en la injuria y la calamidad.

No tengan miedo a los que pueden apresar el cuerpo, pero nunca la libertad.

No tengan miedo de aquellos que amedrentan y amenazan, y disfrazados de aves de sapiencia sólo buscan la oportunidad para aniquilarles.

No tengan miedo a los que difaman y gritan con fuerte voz, porque ustedes han sido fortalecidos con mi Espíritu.

No tengan miedo a quienes se aferran al poder, porque yo estoy con los que sufren la miseria y la opresión.

No tengan miedo a sus propias miserias, porque desde ellas manifiesto mi poder.

No tengan miedo a quienes se desnudan de la verdad y se visten de la mentira, porque quedarán impúdicamente desnudos a los ojos del mundo.

No tengan miedo a lo que vendrá, porque ello sólo depende de mí.

No tengan miedo, porque yo he vencido al mundo.

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Puerta estrecha

27 junio, 2017

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El Evangelio que nos propone la liturgia de hoy nos invita a pasar por la puerta estrecha, antes que por la puerta ancha. “Es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran” (Mt. 7,14)

Durante la meditación del pasaje bíblico, busqué recordar alguna experiencia vivida en la que alguna puerta estrecha haya sido protagonista. Rápidamente vino a mi mente la puerta estrecha que salvó mi integridad física. En medio de una de las manifestaciones que se han hecho rutina en las últimas semanas en Venezuela, un grupo de hombres armados y uniformados nos sitiaron hasta tal punto que nos obligaron a correr y a buscar refugio. No sólo violaron nuestro derecho a protestar, sino que amenazaron con bombas lacrimógenas y armas de fuego nuestra integridad física.

En medio de tal desconcierto y pánico, una puerta estrecha se abrió. La puerta daba a toda una comunidad popular, en medio de una zona reconocida por ser de la antigua clase alta y ahora clase media. Al pasar la puerta, algunas personas abrían sus casas para darnos refugio. Sabían que en las próximas horas sus hogares serían allanados ilegalmente por quienes ejercen la fuerza policial y militar y apoyan la dictadura. Sabían el riesgo que corrían; algunas casas mostraban algunos destrozos de allanamientos anteriores. Sin embargo, sus puertas no dejaban de abrirse, y eran mucho más estrechas que las anteriores…

Rememorar esta experiencia me ayudó a comprender el Evangelio. Cuando pasas por la puerta estrecha, la amenaza es menos amenaza, el miedo es menos miedo. Los pobres aparecen en tu camino, y te permiten reconocer la solidaridad como principio básico de humanidad. La puerta estrecha acerca a quienes se reconocen como hermanos, aún en medio de las situaciones más complejas. Ella abre un mundo de posibilidades, abre a la vida que se teje en medio de los conflictos. Reconoces al hermano que nunca habías visto, la realidad se hace tan real que es difícil no salir positivamente afectado por ella.

Pido al Señor que haya muchas puertas estrechas que puedan abrirse para abrigar al que sólo expresa su deseo de libertad.


Juicio Final

21 junio, 2017

Tuve hambre y me diste de comer,

Tuve sed y me diste de beber,

Tuve miedo y me diste valor

Tuve rabia y me diste perdón

Me desnudaron y me cubriste,

Estuve herido y me auxiliaste.

Fui golpeado y me cuidaste

Me dispararon; tú sanaste mis heridas.

Lloré como un niño, y me consolaste.

Pensé en darlo todo, y me dijiste que debía entregarme yo,

Olvidé mi dignidad, y Tú la convertiste en la razón de mis luchas.

Todo lo veía oscuro, tú lo hiciste tricolor.

Convertiste el hambre en la fuente de mi energía,

La enfermedad incurada en la fuente de mi salud,

La injusticia en la mecha que enciende las ganas de seguir luchando,

La ausencia de futuro en la intensidad del presente.

Pensé que había que alcanzar la paz, y me dijiste que la paz es el camino.

Pensé que era un sueño; abriste mis ojos, y vi que era más real que mi existencia.

 

 


“No está muerta, está dormida”

3 febrero, 2015

El Señor hoy nos coloca delante de dos situaciones complejas y difíciles. En un primer momento nos coloca delante de una hemorroisa, quien desde hace 12 años intenta superar su enfermedad y el estigma social. Inmediatamente nos presenta a una niña de 12 años que ha sido víctima de la enfermedad hasta morir.
No es difícil reconocer esta situación en muchas personas que actualmente se acercan a Dios en busca de la curación. Curación física, psicológica o espiritual, que revela la vulnerabilidad de la existencia humana. No es difícil tampoco reconocer esta situación en nuestra Iglesia, y en nuestra sociedad venezolana, donde las personas son víctimas de la enfermedad, del mal que habita en el corazón del ser humano. Años llevamos buscando la curación, anhelando la plenitud de la vida. Aun cuando hemos querido curarnos a nosotros mismos, todos estos años nos enseñan que no podemos curarnos sin la fe. En muchos casos sólo vemos la muerte, pero desde la fe somos invitados a contemplar sólo un prolongado sueño, una situación pasajera que devuelve las fuerzas para quien sufre.
Nuestra sociedad no está muerta, está dormida. Nuestra fe no ha fallecido, el Reino sigue presente como un pequeño grano de mostaza que dará su fruto y acobijará a los pájaros. No perdamos la esperanza…


“Señor, danos siempre de ese pan” (Jn. 6, 34b)

6 mayo, 2014

Señor, danos siempre de ese pan. Del pan de la justicia y de la libertad, del pan de la honradez, del pan que alimenta nuestra alma y nuestro espíritu, del pan que nos da la energía necesaria para transformar nuestro mundo.

Sabes que vivimos una fuerte escasez. No sólo la escasez de los anaqueles, que aniquila nuestra dignidad de hijos tuyos. Vivimos la escasez del pan que es tu Palabra, que es vida eterna. Muchos viven mendigando la fe, y buscan en el ocultismo y en falsas prácticas religiosas saciar el hambre de Ti. No encuentran quien puede saciarles, no encuentran en lo más profundo de sí mismos la fuente de la satisfacción plena.

Lo decía Ghandi: “Si Dios bajase a la tierra, bajaría en forma de pan2 Y es así. Dios es pan. Sacia nuestra hambre, y es lo que podemos compartir en nuestra pobreza. Se endurece si no es digerido, se convierte en la energía que mueve nuestras manos y nuestros pies. Es lo que puede saciar el hambre de tantos niños que en estos minutos ya han muerto de hambre. Su ausencia es la causa de grandes injusticias. El pan crece antes de cocerse, de una ínfima masa sale una gran cantidad. Está siempre en nuestras casas, a pesar de que siga habiendo escasez.

Dios es pan. Sólo Tú puedes saciar el hambre de sentido en la existencia de tantos hombres y mujeres. Sólo Tú puedes saciar la ansiedad de Ti que surge en nosotros. Sólo Tú estás allí, entregándote con plenitud. Danos siempre de ese pan, Señor, para que podamos compartirlo con otros. Para que podamos ser pan para otros. Sin esto, nuestra Eucaristía es rito vacío, carente de verdad, muestra de nuestro mayor pecado. Sin darnos, tu sacrificio es inútil.

Señor, danos siempre de ese pan que nunca acaba, y sacia la sed de justicia y de libertad, que posibilita la solidaridad. Danos siempre de ese pan. Amén.


Lázaro hoy está en medio de nosotros. Reflexiones del Evangelio del Día

20 marzo, 2014

Lázaro hoy se ha multiplicado en millones de personas que viven en la periferia de nuestras ciudades, al margen de los ricos que habitan la ciudad.

Lázaro hoy muere decenas de veces, por las balas que atraviesan los cuerpos de muchos hombres en edad juvenil.

Lázaro hace largas filas, por horas, para encontrar a bajo costo los alimentos.

Lázaro es engañado con doctrinas falsas, que le hacen creer que algún día podrá vivir como los epulones.

Lázaro carece de estudios y de formación de calidad; le engañan diciéndole que en la escuela podrá prepararse para vivir mejor.

Lázaro hoy tiene la esperanza de que todo cambiará, cuando todo está hecho para que siga igual.

Lázaro es golpeado y torturado por quienes le prometieron que ejercerían el poder a su favor.

Lázaro hoy está en siendo utilizado por quienes no tienen otra ambición que el poder.

Lázaro hoy es asaltado en la calle, mientras que los epulones gozan de la mejor seguridad.

Lázaro hoy canta, en medio de las desesperanzas, porque la esperanza es lo que los ricos nunca han podido robarle.

Las llagas de Lázaro no solo satisfacen a los perros; de ellas se alimentan las ansias del poder de los ricos.

Lázaro hoy vive, a pesar de que muchos quieran asesinarlo. Su vida nace del Espíritu, y no de la carne.

Lázaro será quien nos juzgue al final de nuestra historia.


“Tú sabes que lo hemos dejado todo…” (Mc. 10,28)

4 marzo, 2014

Jesús y Pedro se encuentran, en uno de esos momentos álgidos que caracterizaron la relación de Jesús con sus discípulos. Era para ellos difícil comprender la magnitud de la obra de Jesús; y era difícil para Jesús evidenciar la poca capacidad que tenían sus discípulos para interpretar los numerosos signos y señales que iba realizando en medio de ellos.

En uno de esos encuentros, Pedro le reclama a Jesús: “Tú sabes que lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” Pedro quiere hacerle ver al Maestro la totalidad de entrega a la causa del Reino. Pedro se sabe ya despojado de todo; una exigencia más de Jesús puede parecer inverosímil. Sin embargo, Jesús le convence de que el abandono por la causa del Reino se convierte en ganancia. ¡Cuán difícil es reconocer nuestra necesidad de dejarlo todo! ¡Cuántas veces nos vamos llenando de afectos desordenados, de objetos, de poder, de ideas, de juicios de valor, de sentimientos, en una reconquista latente de lo dejado!

Sin duda alguna, la promesa de Jesús aún está por realizarse. La promesa de Jesús, aunque multiplica por cientos lo relegado, implica de parte del discípulo una actitud ascética, a la que poco estamos dispuestos en una sociedad de consumo. Preferimos los “ajos y cebollas” de la esclavitud, porque nos satisfacen y complementan, pero van erosionando el corazón y la vida.

Estamos delante de una generación cristiana hartos de todo, altamente complacida en los valores del poder, del consumo, de las relaciones compensatorias, de las ideologías deshumanizantes, sin capacidad de abandonarlo todo y seguir a Jesús de Nazaret.

“Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Tú dices: “Soy rico; me he enriquecido; nada me falta”. Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo.
Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista.
Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. = Sé, pues, ferviente y arrepiéntete.” (Ap. 3,15)


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

... un espacio para seguir dando pasos...

Escuela de Educadores Escolapios

Provincia de Centroamérica y Caribe