Todos juzgamos

7 abril, 2014

Al igual que los fariseos, todos juzgamos.

Juzgamos a quien comete la falta, considerándonos dioses pulcros e inmaculados.

Juzgamos, sin darnos cuenta que somos reos de nuestro propio juicio.

Juzgamos sin libertad, arrastrando a nuestras cárceles de vida a quienes buscan afanosamente la felicidad sin encontrarla.

Juzgamos a quien piensa distinto, sueña distinto, siente diferente, comprende su humanidad desde otros modos de vida.

Juzgamos a quien roba, asesina, se prostituye, condena,… y también a quien piensa, sueña, genera cambios, fortalece lo bueno, trabaja por la justicia, toma el lado de los pobres, amenaza con su testimonio de libertad a quienes nos hayamos aún encerrados en nuestras mallas de soberbia y orgullo.

Juzgamos considerando a quien es juzgado una persona menos persona que nosotros.

Juzgamos, y al hacerlo, criminalizamos acciones que pueden llevar  a la vida.

Jesús también fue juzgado. La adúltera, aun con su pecado, recibió indiferencia. Jesús, aún con su inocencia, recibió ensañamiento.

No juzgues, y aún así serás juzgado por quienes se sienten dueños de la verdad. No juzgues, y aún así serás amenazado por dedos que señalan tu forma de actuar y de vivir. No juzgues, sabiendo que aún sin hacerlo seguirás siendo víctima de cientos de verdugos que se conducen ciegos por la vida.

Quien es verdaderamente dueño de la Verdad, la única, la que nace de Dios, nunca juzga. Sólo acepta incondicionalmente, ama a pesar de las diferencias, comprende que hay mil maneras de construir el Reino de Dios, es misericordioso.

Dios no es justo, de acuerdo a la justicia retributiva de nuestras sociedades enfermas. Dios es misericordioso; convirtiendo a quien actúa injustamente, haciendo renacer un corazón de carne donde sólo había escombros.

Quien juzga no es libre ni libera; sólo dilata las paredes de su propia cárcel para que entren otros.

Quien juzga es miserable; pierde la alegría de vivir, y trabaja porque otros la pierdan.

Quien juzga muere en vida; quien perdona, vive a pesar de las realidades de muerte en las que su existencia se encuentra inmersa.

No juzgues, y serás juzgado…

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Buscan apedrearte… Inspiración desde el Evangelio de Juan

21 marzo, 2013

Buscan apedrearte quienes no comprenden tu misión en este mundo, Jesús.

Buscan apedrearte quienes se creen dueños de la verdad, y la convierten en un arma para destruir a otros.

Buscan apedrearte quienes creen que ya han sido salvados por pertenecer a una institución, a un grupo de “elegidos”, y condenan al pecador.

Buscan apedrearte en una infinitud de mujeres a las que se les pisotea su dignidad día a día.

Buscan apedrearte quienes toman el poder y quieren usurparte.

Buscan apedrearte quienes, con indiferencia, ven la violencia como una forma de vida imposible de transformar.

Buscan apedrearte quienes no han encontrado en Ti al Hijo, al elegido.

Buscan apedrearte los fariseos de turno, que condenan y señalan, y no son capaces de ver su falta de autenticidad.

Buscan apedrearte quienes piensan que son otros los que te juzgan, y no se reconocen entre los que han lanzado ya la primera piedra.

Buscan apedrearte quienes te sustituyen por imágenes falsas, y le colocan tu nombre.

Buscan apedrearte quienes viven de los demás, considerando esto una forma natural de vivir en sociedad.

Buscan apedrearte quienes convierten la religión en status y poder.

Buscan apedrearte quienes mantienen sus ojos cerrados ante la miseria de tantos.

Buscan apedrearte, Señor, buscan apedrearte


Interpretando libremente a Calasanz….

30 noviembre, 2012

Mi reflexión no aspira lograr el rigor científico de una investigación que desee llamarse como tal. Es, simple y llanamente, una interpretación libre y subjetiva de lo que, desde mi punto de vista, nos interpela nuestro Fundador. En una época donde la moda es sentir y relativizar el pensamiento y la objetividad,  y realzar patológicamente las emociones y sensaciones, no está de más dejarnos llevar por unos instantes por esa corriente sensual, “light”, ligera, a la que algunos nos resistimos día a día.

En esta semana de San José de Calasanz que culmina en los países de calendario del norte, ¿qué podemos decir sobre el santo? O mejor dicho, ¿qué puede decirnos el santo en este momento frugal y pasajero? Para presentarlo me valgo de la rigurosidad de la numeración y la lógica, que enloquece a nuestra sociedad. Algunos tal vez desearían un mapa mental, o una exposición colorida llena de formas y de elementos atractivos en lo visual… pero tampoco puedo escapar de la forma en la cual he aprendido a sistematizar información. Por lo tanto, y en contra de lo que muchos desearían, paso a enumerar lo que, según mi perspectiva, Calasanz demandaría a quienes formamos parte del milagro que supone la existencia real de la institucionalidad escolapia….

1. Estoy convencido de que Calasanz hoy nos preguntaría cuál es el nivel de compromiso con la misión que llevamos entre manos. Sin duda alguna, para algunos puede ser entristecedor, pero para otros puede llegar a ser normal y aceptable (¡?) que algún religioso o fraterno relativice la misión que le ha sido encomendada por “asuntos personales”, “compromisos”, “realidades familiares”, “elementos emocionales”. En algunos casos puede ser más fuerte el “compromiso” personal que la tarea encomendada …. Sí, ha llegado el subjetivismo a nuestras vidas, y no nos habíamos dado cuenta.

2. Calasanz valoraría mucho la importancia que hoy la mayoría (y principalmente los más jóvenes) damos a la vida comunitaria y fraterna, por encima de otros aspectos que en cualquier época podrían llegar a ser más importantes. La vida comunitaria y fraterna es, sin duda alguna, una fuente principal para el equilibrio de toda persona, para la espiritualidad y la vivencia de los votos. Sin embargo, no debemos olvidar -nos diría el Santo- que a todos y a todas nos une, por encima de los lazos afectivos y fraternos, la misión.

3. Pienso que Calasanz estaría empujando por todos lados y con todas sus fuerzas, iniciativas que llevasen a revitalizar su obra. Sin duda pensaría en procesos de reestructuración como lo hacemos actualmente, pero sabría que no son suficientes para un proceso real de revitalización. Calasanz descubrió que las formas de Vida Religiosa de su época no encajaban ante lo que se revelaba como una tarea que demandaba la consagración absoluta de hombres y mujeres. Sin duda alguna, hoy nos diría que algunas de nuestras formas de vida y de organización no encajan con nuestra misión, y que no serán transformadas por procesos de reestructuración que se limiten a lo geográfico….

4. Supongo que Calasanz se sorprendería al observar que aún en la mayoría de nuestras obras hay un amplio sector de niños, niñas y adolescentes que queda excluido. Una obra que nace intuitivamente como incluyente se transformó, a lo largo de la historia, en excluyente… Algunos, por su realidad social; otros, por sus características personales; otros, por sus discapacidades…. Seguramente, Calasanz estaría ingeniándose la forma de llegar a ellos, sin pensar en los recursos humanos y económicos que supondría. Su pasión por la misión le llevó a relativizar estos aspectos, y con el tiempo sentimos sus consecuencias en nuestro instituto.

5. ¿Qué decir de la pobreza y el “aburguesamiento progresivo”?… Sin palabras.

6. Calasanz soñaría con religiosos de amplia cultura y de actualización constante. Sin embargo, observamos cómo algunos jóvenes (ya algunos religiosos y sacerdotes) todavía padecen serias dificultades ortográficas y semánticas, o desconocen en líneas generales las causas del conflicto árabe israelí, o dudan del continente en el cual se encuentra Madagascar…. Esto, unido al deterioro progresivo de la educación en algunos de nuestros países, proyecta un futuro nada satisfactorio a mediano y largo plazo.

7. Creo que nos invitaría a ser pastores, además de gerentes.

8. ¿Qué decir de la Vida Religiosa femenina? Nuestro instituto ha sido sabiamente capaz de integrar en su seno formas plurales de participación del laicado, en consonancia con la voz del Espíritu que se pronunció en el Vaticano II. Sin embargo, no hay en la Orden formas de participación que integren la Vida Religiosa femenina. En una época de amplio protagonismo de la mujer, y de una amplísima base eclesial femenina, sería interesante discernir sobre este aspecto.

9. Calasanz, seguramente, admiraría el número de obras y de países a los que hemos llegado, a pesar de las grandes resistencias que la obra tuvo en sus inicios. Se complacería al admirar el número de religiosos que han pasado por sus obras en todas estas generaciones, en la capacidad de esfuerzo y sacrificio de muchos ellos por llevar a las más lejanas latitudes esta obra, llamada a dar vida en cualquier lugar del globo terráqueo. Se alegraría al observar a tantos jóvenes que sueñan con entregar su vida a esta gran misión. Todos, hijos de diferentes generaciones, con formas de pensar, de vivir y de sentir diferentes a las del santo; todos, con la mirada puesta en los niños y jóvenes….

Mordaz, tal vez; reflexiones que nacen de quien en este momento se sienta ante un teclado y comienza a plasmar ideas que pasan por su cabeza. Necesidad de cambios profundos; admiración por lo grande y hermoso que ha llegado a ser esta obra nacida del Espíritu “y la tesonera paciencia del Santo”, aun con las fuertes limitaciones de todos sus miembros. Ubicado en la línea exacta donde se desarrolla la dialéctica existencial; en la línea que divide a la muerte y a la vida….


Son sólo situaciones…

23 noviembre, 2012

Hay situaciones en la vida que te llevan a cuestionarte por qué algunos se atreven a traer hijos e hijas al mundo.

Hay situaciones que ponen en vilo tu fe, y te llevan a preguntarle a Dios dónde está, porque parece inaccesible.

Hay situaciones que despiertan las emociones contrarias en el mismo momento, en el mismo lugar y delante de la misma persona.

Hay situaciones que dan miedo aunque pueden ser inofensivas; otras despiertan tu valentía siendo mucho más riesgosas.

Hay situaciones que llevan a muchos y muchas adolescentes a suicidarse creyendo que así viven más y mejor.

Hay situaciones nos revelan que aun falta mucho para instaurarse el Reino de Dios.

Hay situaciones diabólicas, que dividen y separan lo que es, desde el principio, uno:

Hay situaciones que desesperan hasta a las personas más pacíficas.

Hay situaciones que llevan a las parejas que más se aman a decidir hacer su vida separados; pero otras llevan a vivir juntos y para siempre a quienes nunca se han atrevido a amarse.

Hay situaciones que muestran la mediocridad por la que muchos y muchas optan.

Hay situaciones que no son más que un círculo delgado y frágil, pero imposible de romper.

Hay situaciones que pueden ser transformadas sólo con la decisión de una persona.

Hay situaciones que no cambiarán, aunque la humanidad entera se lo proponga.

Hay situaciones que te llevan a preguntarse si realmente algunos padres están dispuestos a amar a sus hijos.

Hay situaciones que te llevan a encontrar que un padre es capaz de hacer cualquier cosa por los suyos y por los de los demás.

Hay situaciones que revelan la presencia absoluta de Dios en medio del mundo.

Hay situaciones inexplicables.

Hay situaciones que buscan hundir el espíritu humano en el sin sentido.

Hay situaciones creadas; otras existen desde que el ser humano es tal.

Hay situaciones que revelan la necesidad de trascendencia de todo ser humano.

Hay situaciones que despiertan la impotencia y la rabia.

Hay situaciones que nos llevan a desear tener más días y horas de vida…

Hay situaciones que nos llevan a desear la muerte.

Sin embargo, todas las situaciones nos revelan que estamos vivos, que hay esperanzas siempre que el aire pase por nuestros pulmones y la sangre corra por nuestras venas… Todas nos revelan que somos y existimos.


El imperio de la subjetividad

28 octubre, 2012

La experiencia cotidiana, debidamente reflexionada, nos lleva a reconocer como vivimos en el imperio de la subjetividad. Cuando en nuestro país se habla de posibles imperios geográficos y económicos, la vida me habla de otro imperio, más difícil de reconocer, porque subyace dentro de nosotros mismos y nos envuelve como una película transparente que nos promete protegernos de los demás, sin darnos cuenta que nos aisla y nos condiciona.

Muchos han escrito sobre la desaparición de los mitos y de los dogmas como configuradores de la vida de los seres humanos de esta generación. Frases como “fragmentación de la persona”, “ausencia de ideales”, “búsqueda de la autorrealización”, nos revelan una idea común: la persona como sujeto replegado sobre sí mismo, sin horizontes, que reconoce y absolutiza sus sensaciones, sus emociones, sus ideas y sus vivencias. Cada día soy testigo de cómo las relaciones humanas se configuran alrededor de las subjetividades, cuyo último fin no es la verdad, sino la ausencia del conflicto que puede desvanecer esa película salvadora que soy yo y mis sensaciones. “Siento, luego existo”; por lo tanto, la relación no se configura desde el valor sino desde las sensaciones que genera. Sensaciones pasajeras, como serán las relaciones que se establezcan desde ellas.

Es en este aspecto donde vislumbro una dificultad en la Vida Religiosa del futuro. En definitiva, o nos configuramos centrados en la Verdad absoluta que se revela en el rostro del Hijo, o nuestro compromiso será fluctuante, determinado por las dinámicas de relaciones humanas. El seguimiento de Jesús puede generarnos diversos momentos de dolor, angustia, alegría, esperanza, tristeza… pero no podemos rechazar el seguimiento a quien es el Camino, la Verdad y la Vida por las sensaciones placenteras o desagradables que puede generarme.

Debemos estar atentos ante una generación que, por un lado, vive cotidianamente con la violencia que anula al prójimo como sujeto; y por otro, escapa de las verdades últimas para complacerse en sus propias “verdades”, que interpretan y desfiguran la Verdad. Escapa de la relación que se configura desde el compromiso y la convicción, para guarecerse en pequeños refugios íntimos de relaciones deshumanizantes que le complacen, pero al mismo tiempo lo limitan, lo encierran sin poder alcanzar valores trascendentes.

La subjetividad es quien determina la veracidad del hecho, de la idea, de la sensación y el sentimiento. Obviamente, nos encontramos ante una generación que defiende lo que siente, pero no lo que cree, porque lo que cree dependerá de lo que siente. Hoy “creo”, pero mañana no sé, porque la razón dependerá de las sensaciones, que en sí mismas son fluctuantes y cambiantes. ¿Cuál será el desenlace? Un sujeto estancado en sus propios sentimientos, incapaz de transcender y de reconocer en las necesidades propias y de los demás la posibilidad de ir más allá de sí mismo para construir un mejor mundo.

En definitiva, nos encontramos ante el imperio de lo subjetivo; sin embargo, buscamos caminar hacia el mandato absoluto de la Verdad.


Señor, que vea…

28 octubre, 2012

Señor, que vea. Que vea lo que está en mi corazón, lo que está a mi alrededor, las necesidades y las carencias de tantas personas desde las cuales me llamas. Que vea mis propias incoherencias, mis propias pasiones desordenadas, mis propias inconsistencias. Que vea lo que Tú ves, como Tú lo ves. Que pueda admirar, contemplar,… que pueda horrorizarme ante lo inhumano que se revela a mis ojos. Que pueda cerrar los ojos para poder ver más allá de mí mismo, que pueda encontrarte en la luz que brota de la oscuridad del ser humano…

¡Señor, que vea!


“Para ser formador no basta el amor”

27 octubre, 2012

Hace pocos días inicié la lectura del libro que lleva el título que encabeza este artículo. Se refiere a un texto de la religiosa Virginia Isingrini, misionera javeriana, quien ha dedicado varios años a la reflexión teológica y posee una amplia experiencia en el campo de la formación de candidatas a la Vida Religiosa.

La lectura de este escrito me ha permitido centrarme en la síntesis que presenta en su primer capítulo como “tentaciones”. Para la autora, en el trabajo formativo existen cuatro grandes tentaciones o modos de llevar adelante esta labor que pueden, sin esperarlo, perturbar el objetivo del mismo, que no es más que ayudar a integrar al joven o a la joven su proyecto de vida a partir del modelo que propone cada instituto en particular desde su carisma.

La primera tentación que describe es la “conductista”. Esta tendencia permite creer o imaginar qué las experiencias de vida son, en sí mismas, capaces de transformar a la persona. Esta tentación deja de reconocer la realidad de muchos religiosos y religiosas que han vivido un sin fin de experiencias (insersión entre los pobres, estudios teológicos, cambios de comunidad, etc.), y siguen viviendo las mismas dinámicas interiores que perturban su consagración. En definitiva, la experiencia y el cambio no bastan, en sí mismos, para lograr el cambio esperado, la conversión necesaria para caminar en fidelidad. Creo que en la Vida Religiosa existe mucho de esto, y han sido muchos los momentos en los que he escuchado que tal vez a “fulano” o “fulana” tendría que cambiar de comunidad o de ambiente para ver si “cambia”… Definitivamente, la experiencia no basta.

La segunda tentación, según Virginia, refiere a la humanista. Esta tendencia permite creer que la persona, sin ningún tipo de guía ni de criterios que puedan parecer impositivos. Es una verdad patentada que hoy en las comunidades ha habido una exaltación de la comunidad, pero muchas veces denigrando o enturbiando la misión propia del superior o superiora. También es cierto que, por esa convicción de que “cada uno tiene que hacer su proceso”, hemos dejado a la naturaleza humana la tarea de moldear un estilo de vida que no se basa en la naturaleza de la persona, aunque la toma en cuenta, sino en una experiencia profunda de Dios que lleva a transformar la naturaleza misma para hacerse consagrada desde un modelo específico. En este sentido, las comunidades no debemos olvidar que son herederas de un carisma que debemos renovar, desde claves de vida que son irrenunciables. Dejar a cada candidata o candidato a la buena de Dios, siguiendo su impulso natural, sin mostrar referencias de cómo el carisma le invita a transformar su manera de organizarse en la vida cotidiana, de integrar las frustraciones, de vivir las relaciones humanas…. termina siendo un fracaso.

La tercera tentación es la espiritualista, aún presente a pesar de los años. En este sentido, el objetivo fundamental está en que la persona se muestre integrada, mantenga conductas espiritualistas y prácticas que pueden esconder, aunque no siempre, grandes represiones de la dinámica interior. En este sentido, basta observar cómo en la historia de la Vida Religiosa la represión de los sentimientos y afectos generó sujetos fríos y poco humanos, incapaces de sentir dolor ante la necesidad del otro, y sujetos incapaces de conocer sus propias vivencias interiores. No está de más decir que esta tentación, aún cuando está centrada en modelos previos al Vaticano II, siguen coexistiendo con los otros que acabamos de mencionar.

La cuarta y última tentación, y no por eso la menos importante, guarda relación con el gnosticismo. Centra la formación en la intelectualidad de la persona. En este modelo la calidad de la formación de la persona es igual a la calidad de los conocimientos adquiridos. Si bien existe también la tentación contrario -que minusvalora el estudio y la reflexión para dar prioridad al trabajo pastoral, a la vida comunitaria, o peor aún, a las propias vivencias interiores-, no podemos dejar de ver, principalmente en los grupos masculinos, la continua referencia a la “academia”, al “tiempo de estudio”, a las “calificaciones” como el elemento que determina la continuidad o la interrupción del proceso formativo de una candidata o candidato.

En definitiva, creemos que debemos apostar por un modelo que vaya más allá de las restricciones que presentan estas tentaciones. Porque las tentaciones, como todas, nos pueden arrojar una luz inicial y un éxito a corto plazo, pero pueden dejar daños en las personas, y muchos de ellos irreversibles. Gracias, Virginia, por este importante aporte.


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

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