¡Venezuela, cuánto has cambiado! ¡Ya no eres la misma!

18 abril, 2013

Aquí seguimos…. Escribiendo nuevamente, con el único objetivo de drenar y poner ideas en orden, y colaborar mínimamente en el importante proceso de reconciliación que estamos llamados a vivir como venezolanos. Escribo después de diversos diálogos con compatriotas y hermanos de las dos tendencias políticas, a quienes agradezco infinitamente su apertura, su comprensión abierta de la realidad, y con quienes comparto un profundo amor por este sueño de Bolívar que sigue naciendo, este sueño que se llama “Venezuela”.

En estos días hemos vivido profundos cambios que ni siquiera los venezolanos terminamos de comprender. Antes del 14 de abril, los venezolanos entendíamos que Venezuela estaba dirigida por una mayoría convencida del proceso revolucionario liderizado por quien ejerció la Presidencia de Venezuela durante 14 años. El líder convirtió la apatía y la sensación de derrota de las mayorías pobres del país en un sueño posible de alcanzar: la justicia social, el bienestar para todos, la desaparición de la riqueza en manos de muy pocos, la igualdad de oportunidades. Sin duda alguna, el período anterior estuvo determinado por políticas excluyentes en su mayoría, que no lograron generar el bienestar y la calidad de vida que era posible a través de los recursos que dejaba el petróleo al país. Un sueño se convierte en proyecto; el proyecto se debate en las urnas electorales; el joven Hugo Chávez Frías, quien había sido apresado por el intento de golpe de estado a Carlos Andrés Pérez, se convertía en el primer presidente con una votación del 80% de los electores.

El fenómeno se repitió elección tras elección. En todos los procesos los grupos opositores, que debieron organizarse y reconocerse como aliados a pesar de sus muy diversas ideologías políticas, se veían derrotados por la amplia aceptación de los oficialistas. El presidente Chávez sirvió de impulso a muchos políticos que se identificaban con el proyecto o que, simplemente, utilizaron la revolución como forma de lanzarse al ámbito político. Poco a poco, el país se convertía en una república dirigida por un solo partido, una sola propuesta, una sola forma de entender el país, logrando definir al Estado como socialista e identificando la revolución con el único proyecto de país posible e incompatible con otras propuestas que fueron rechazadas, según los revolucionarios, por su carácter “capitalista”, “fascista”, “neoliberal”. El término “escuálidos”, dado por el comandante Chávez a la oposición, determinada la forma de entender a la unión oposicionista: un movimiento débil, incapaz de tocar las bases de un proceso que nacía, se desarrollaba y se consolidaba, dejando al margen y avasallando todo lo que encontraba a su paso.

Sin embargo, la repentina enfermedad y posterior muerte de Chávez revelaron, desde sus inicios, lo que estaba oculto: la revolución no había logrado consolidar los liderazgos necesarios para continuar el proceso. El hecho de que el mismo comandante haya designado en su última aparición en público al joven Nicolás Maduro, sin ningún tipo de debate público, dejaba ver algo que la revolución había olvidado: la necesidad de generar liderazgos reales, que se sostuvieran por sí mismos y no por la sombra protectora del comandante. En este sentido, el movimiento revolucionario se sintió huérfano, con un nuevo líder con quien no se identificaban carismáticamente. Nace el problema: un grupo significativo de las bases, simpatizantes de la revolución, se apartan de un liderazgo débil, incapaz de mantener vivo el logro de 14 años, y deciden apoyar una opción totalmente contraria a sus propios ideales. Obviamente, este grupo no se identifica con un proyecto; sino con líderes carismáticos. Sorpresivamente, el hombre que había dado la batalla a Chávez sin ningún éxito, gana en dos o tres semanas, el apoyo de más de 700.000 venezolanos “revolucionarios”… Un grupo de chavistas que se apartan de los “maduristas”, votan por Henrique Capriles, dejando una diferencia mínima insospechada para unos y para otros.

A las 10:00pm del día domingo 14 de abril todos los venezolanos escuchan de la voz de la Presidenta del Consejo Nacional Electoral un nuevo país: una diferencia de menos de 2% daba la victoria a Maduro. Una diferencia mínima, en el cual, según la oposición, las irregularidades recogidas y denunciadas podían afectar significativamente las elecciones y podrían haber revertido el resultado final. La oposición, en vista de esto, deja de reconocer la victoria y pide la auditoría, voto por voto, de todo el proceso. Esto, apoyado por uno de los miembros del Equipo Directivo del Consejo Nacional Electoral.

Hoy, la tensión sigue creciendo. Con un poco más de serenidad, las partes se ven necesitadas de dialogar. Van ajustándose a una nueva realidad que ninguno veía hace un mes: un país realmente dividido en dos partes iguales, donde las diferencias son mínimas, y donde debe gobernarse con amplia conciliación o la gobernabilidad se hace imposible.

En unas horas el Consejo Nacional Electoral debe pronunciarse sobre la solicitud de auditar la elección. Desde los inicios ha rechazado ampliamente esta posibilidad, argumentando que el sistema es el más tecnologizado y eficaz del mundo. Sin dejar de ser un sistema ampliamente eficaz y veraz, parece que no deja de tener ciertas “goteras” que, según la oposición, pudieron influir significativamente en el desenlace final de las elecciones. Sin embargo, después de una semana, sabe que la paz del país puede depender de este proceso. Por otro lado, el sector oficialista sigue preguntándose qué pasó, y en los sectores más radicales empieza la “cacería de brujas”. Los primeros pasos del gobierno de Maduro van hablando de una dirección más represiva y fundamentalista: desconocimiento del derecho de participación de los diputados de la oposición en la Asamblea Nacional, despido de estos de la presidencia de las comisiones de la Asamblea, desconocimiento verbal del cargo de gobernador del Estado Miranda de Henrique Capriles, y políticas que pueden llevar a la exclusión de los oposicionistas ocultos y de revolucionarios más conciliadores de los cargos públicos.

En conclusión, los próximos minutos serán decisivos para conocer el futuro político de Venezuela, ya bastante débil y polarizado. ¿Cederá el CNE a la auditoría? ¿Negarán la auditoría y nombrarán mañana a Nicolás Maduro como presidente con la sospecha de la mitad del país? En este caso, ¿podría mantenerse la gobernabilidad de Venezuela? En caso de desarrollarse la auditoría, ¿aceptará Capriles los resultados, o apoyándose en las supuestas irregularidades desconocerá el proceso, colocándose al margen de la institucionalidad?… Sin duda alguna, los próximos minutos serán decisivos

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