“No tengan miedo”

8 agosto, 2017

No tengan miedo, porque no hay nada oculto que no pueda llegar a saberse.

No tengan miedo de los que matan al cuerpo, pero no el espíritu.

No tengan miedo, pues cada uno de ustedes vale más que cualquier otro ser viviente que habite sobre la tierra.

No tengan miedo, porque son mis hijos predilectos.

No tengan miedo cuando los injurien y calumnien, porque yo estaré con ustedes en la injuria y la calamidad.

No tengan miedo a los que pueden apresar el cuerpo, pero nunca la libertad.

No tengan miedo de aquellos que amedrentan y amenazan, y disfrazados de aves de sapiencia sólo buscan la oportunidad para aniquilarles.

No tengan miedo a los que difaman y gritan con fuerte voz, porque ustedes han sido fortalecidos con mi Espíritu.

No tengan miedo a quienes se aferran al poder, porque yo estoy con los que sufren la miseria y la opresión.

No tengan miedo a sus propias miserias, porque desde ellas manifiesto mi poder.

No tengan miedo a quienes se desnudan de la verdad y se visten de la mentira, porque quedarán impúdicamente desnudos a los ojos del mundo.

No tengan miedo a lo que vendrá, porque ello sólo depende de mí.

No tengan miedo, porque yo he vencido al mundo.

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“Señor, danos siempre de ese pan” (Jn. 6, 34b)

6 mayo, 2014

Señor, danos siempre de ese pan. Del pan de la justicia y de la libertad, del pan de la honradez, del pan que alimenta nuestra alma y nuestro espíritu, del pan que nos da la energía necesaria para transformar nuestro mundo.

Sabes que vivimos una fuerte escasez. No sólo la escasez de los anaqueles, que aniquila nuestra dignidad de hijos tuyos. Vivimos la escasez del pan que es tu Palabra, que es vida eterna. Muchos viven mendigando la fe, y buscan en el ocultismo y en falsas prácticas religiosas saciar el hambre de Ti. No encuentran quien puede saciarles, no encuentran en lo más profundo de sí mismos la fuente de la satisfacción plena.

Lo decía Ghandi: “Si Dios bajase a la tierra, bajaría en forma de pan2 Y es así. Dios es pan. Sacia nuestra hambre, y es lo que podemos compartir en nuestra pobreza. Se endurece si no es digerido, se convierte en la energía que mueve nuestras manos y nuestros pies. Es lo que puede saciar el hambre de tantos niños que en estos minutos ya han muerto de hambre. Su ausencia es la causa de grandes injusticias. El pan crece antes de cocerse, de una ínfima masa sale una gran cantidad. Está siempre en nuestras casas, a pesar de que siga habiendo escasez.

Dios es pan. Sólo Tú puedes saciar el hambre de sentido en la existencia de tantos hombres y mujeres. Sólo Tú puedes saciar la ansiedad de Ti que surge en nosotros. Sólo Tú estás allí, entregándote con plenitud. Danos siempre de ese pan, Señor, para que podamos compartirlo con otros. Para que podamos ser pan para otros. Sin esto, nuestra Eucaristía es rito vacío, carente de verdad, muestra de nuestro mayor pecado. Sin darnos, tu sacrificio es inútil.

Señor, danos siempre de ese pan que nunca acaba, y sacia la sed de justicia y de libertad, que posibilita la solidaridad. Danos siempre de ese pan. Amén.


“Tú sabes que lo hemos dejado todo…” (Mc. 10,28)

4 marzo, 2014

Jesús y Pedro se encuentran, en uno de esos momentos álgidos que caracterizaron la relación de Jesús con sus discípulos. Era para ellos difícil comprender la magnitud de la obra de Jesús; y era difícil para Jesús evidenciar la poca capacidad que tenían sus discípulos para interpretar los numerosos signos y señales que iba realizando en medio de ellos.

En uno de esos encuentros, Pedro le reclama a Jesús: “Tú sabes que lo hemos dejado todo, y te hemos seguido” Pedro quiere hacerle ver al Maestro la totalidad de entrega a la causa del Reino. Pedro se sabe ya despojado de todo; una exigencia más de Jesús puede parecer inverosímil. Sin embargo, Jesús le convence de que el abandono por la causa del Reino se convierte en ganancia. ¡Cuán difícil es reconocer nuestra necesidad de dejarlo todo! ¡Cuántas veces nos vamos llenando de afectos desordenados, de objetos, de poder, de ideas, de juicios de valor, de sentimientos, en una reconquista latente de lo dejado!

Sin duda alguna, la promesa de Jesús aún está por realizarse. La promesa de Jesús, aunque multiplica por cientos lo relegado, implica de parte del discípulo una actitud ascética, a la que poco estamos dispuestos en una sociedad de consumo. Preferimos los “ajos y cebollas” de la esclavitud, porque nos satisfacen y complementan, pero van erosionando el corazón y la vida.

Estamos delante de una generación cristiana hartos de todo, altamente complacida en los valores del poder, del consumo, de las relaciones compensatorias, de las ideologías deshumanizantes, sin capacidad de abandonarlo todo y seguir a Jesús de Nazaret.

“Conozco tu conducta: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!
Ahora bien, puesto que eres tibio, y no frío ni caliente, voy a vomitarte de mi boca.
Tú dices: “Soy rico; me he enriquecido; nada me falta”. Y no te das cuenta de que eres un desgraciado, digno de compasión, pobre, ciego y desnudo.
Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego para que te enriquezcas, vestidos blancos para que te cubras, y no quede al descubierto la vergüenza de tu desnudez, y un colirio para que te des en los ojos y recobres la vista.
Yo a los que amo, los reprendo y corrijo. = Sé, pues, ferviente y arrepiéntete.” (Ap. 3,15)


Atados

27 junio, 2013

Atados a cadenas inexistentes que nos paralizan, y no nos permiten seguirte.

Paralizados ante la mirada de quien es la Vida, la Verdad y el Camino.

Atados a sepulturas, a la podedumbre de la muerte, refugiados en vacíos ataúdes para no vivir el riesgo de seguir tus pasos, y llegar a la paradoja de la cruz.

Paralizados ante quien nos invita a caminar, a dejar las amarras, y vivir a plenitud…

Atados a nuestros propios pies, hechos para caminar, y ahora punto muerto de una parálisis que nos mata interiormente…

Paralizados ante la fuerza del Evangelio, que todo lo transforma, todo lo convierte, todo lo sana, todo lo renueva.

Atados a irreales circunstancias, mientras nuestros ojos se hacen testigos de tu constante lejanía

Paralizados con la vista puesta en Él, reconociendo el deseo que hay en nuestro corazón de seguirle más allá de la muerte misma

Atados a una historia, que paradójicamente, marca su propio fin, y se niega a seguir trazando su sendero.

Paralizados por la mediocridad de lo relativo y circunstancial

Atados a falsas ideologías, que nos sumergen en el sentido de lo absurdo.

Paralizados en medio de personas que nos ofrecen el amor, y al final nos hacen objetos complacientes de sus carencias.

Atados a una violencia sin fin, que destruye la vida creada para dar más vida a plenitud.

Paralizados en medio de quienes huyen de su soledad en medio de amistades que compensan sus propias necesidades.

Atados a las formas, porque ya hemos perdido el fondo.

Paralizados por el aislamiento  de nuestros sentidos, que desde hace mucho tiempo han dejado de percibir el milagro de la Vida.

Atados a las máscaras, que se adhieren al rostro y se confunden con él, encerrándonos en la absurda fantasía de la realidad.

Paralizados porque ya hemos perdido la esperanza.

Atados a una falsa institucionalidad, que desde hace mucho tiempo murió y nos arropa en sus cadavéricas sombras.

Atados y paralizados en una frívola sociedad, donde luchamos por mantener encendida, en medio de fuertes vientos y lluvias torrenciales, la llama que ya se ha extinguido…


Dios es luz

10 mayo, 2013

“Dios es luz sin mezcla de tinieblas” (1 Jn. 1, 5)

Así nos describe el autor de la primera carta de Juan el testimonio dejado por la comunidad cristiana a los seguidores de Jesús. Ante las diversas tendencias que negaban a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, el autor de la carta resalta: “Si decimos que compartimos su vida (la de Jesús) mientras caminamos a oscuras, mentimos y no procedemos con sinceridad” (1 Jn. 1, 6)

No he encontrado en este día una frase más clara de la situación actual que vivimos como Vida Religiosa y como Iglesia. Caminamos en medio de nuestras oscuridades, y afirmamos compartir su vida y su destino. Oscuridades que nos ciegan, marañas de sentimientos y sensaciones que nos hacen perder el sentido último de nuestra fe. Pareciese que el seguimiento a Jesús fuera compatible con todas nuestras oscuridades, mientras no nos tropecemos. Sin embargo, lo primero que podemos afirmar es que será muy probable el tropiezo, y aún si él, estaremos viviendo en la mentira y la falsedad. Compartir su vida SÓLO  es posible si caminamos en la luz, que es el mismo Dios. En definitiva, no podemos afirmar que le seguimos si nuestras actitudes y acciones niegan la centralidad de Cristo en nuestra vida personal y comunitaria. Si es así, nos estaremos engañando, y la oscuridad, la mentira y la falsedad serán las bases de nuestras incongruentes acciones.

La carta continúa con una afirmación que complementa y permite comprender la anterior. “Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros” (1 Jn. 1, 8) En definitiva: quienes andan en la oscuridad no pueden ver su pecado; por lo tanto, afirman que no han pecado y en consecuencia no necesitan ser convertidos. Creo que el mensaje es claro: a mayor oscuridad menos conciencia de pecado. Esto es perceptible en personas y comunidades: les es más difícil encontrar las actitudes e ideas que le alejan de Dios en la medida en que caminan en la oscuridad, en la ausencia de Dios. Por lo tanto, la presencia de Dios en nuestras vidas es luz que revela nuestro pecado, nos permite encontrarnos con la verdad personal y comunitaria.

Por lo tanto, creo que podemos afirmar que:

– el gran problema de nuestra vida de fe personal y comunitaria son los conflictos, sino la ausencia de luz, que nos hace caminar a oscuras afirmando falsamente que compartimos la vida y el destino de Jesús.

– necesitamos una gran dosis de realismo, que sólo vendrá dado en la medida en que aceptemos que Jesús es la única luz que puede revelarnos las oscuridades de nuestra vida.

– es necesario acercarse a quien es la palabra y la vida: éstas se han manifestado en la persona de Jesús. Dejarnos interpelar por sus actitudes y sus opciones: ante la mujer, ante el desvalido, ante los saduceos, fariseos, sumos sacerdotes, ante su propia familia, ante sus amigos, ante la realidad.

– Mentir es afirmar compartir su vida cuando en realidad andamos a oscuras. Peligro claro para la Vida Religiosa, que tradicionalmente ha sido considerada por sus miembros y por la Iglesia como el “reservorio de la verdad”. Seremos más auténticos en la medida en que dejemos que la luz de Dios revele nuestras propias herejías.

– ante una sociedad hipersensible, fragmentada e individualista, es importante sacar a la luz las formas en las cuales estas características forman parte de nuestra vida cotidiana. Sin eso, iremos perdiendo el sentido profunda de una entrega que, posiblemente, es más compensación que donación, sin descubrir las raíces de esta ausencia progresiva. Solamente reconociendo nuestro pecado podremos encontrar en Jesús la fuente de la vida y de la salvación.


Francisco

29 marzo, 2013

Posiblemente, algunos de los que se acercan a estas líneas piensan que encontrarán un hermoso discurso sobre la figura interesante del nuevo Obispo de Roma. O tal vez, imagine una alegoría sobre el hombre que supo llamar a la Iglesia a una vida de pobreza cuando había llegado a los límites posibles del despilfarro y la opulencia.

Pero no. Francisco es un hombre sencillo, un hombre de un barrio cualquiera de la ciudad de Caracas. Al verlo te impresiona su aspecto y su hedor a alcohol. Al acercarse, crees que no tiene nada importante que contarte, ni que decirte. Es un “borracho” más en la esquina de cualquier posilga, abundantes en nuestros barrios. Sin embargo, Francisco es el Jesús sufriente, que un Viernes Santo, minutos antes de iniciar el Viacrucis, me revela que la Pasión sigue actuando, que es Jesús quien ha venido a nosotros para revelarnos desde el sufrimiento el poder del amor.

Francisco perdió a su esposa por un hombre alcoholizado que iba conduciendo un vehículo y, como dice él, “le arrebató a su esposa de las manos”. Fue cristiano practicante (su léxico permite saber que es así), hizo itinerarios catequéticos que le llevaron a conocer a Dios. Pero el dolor de la pérdida ha sido mucho más fuerte que él, si a eso sumamos un hermano esquizofrénico con quien comparte la habitación, y que le ha obligado a dejar a su hija de siete años en las manos de su madre, mayor de 80 años, en Valencia. Francisco perdió a su mujer e, indirectamente, a su hija, “el único tesoro que le daba sentido a su vida”

Francisco se sumergió en el alcohol. Como lo dice él, el alcohol le quitó lo más sagrado de la vida, y poco a poco le está arrebatando la vida misma. Es consciente de su dependencia, sabe que ya es difícil salir de ella, sabe que sería capaz de cualquier cosa con tal de volver a vivir. “No puedo, padre”, es lo que pronuncia repetidas veces. No puedo vivir, no puedo perdonar, no puedo estar sin mi hija, no puedo estar si ella, aunque ella está en mí en todo momento, no puedo soñar, no puedo encontrar sentido a todo esto. Sólo el alcohol parece facilitar la vida… engañado vive, sabiéndose engañado, prefiriendo vivir así y no delante de la verdad….

Francisco llegó minutos antes de iniciar el Viacrucis. “Padre, sáqueme este demonio que me come por dentro”… Una traducción sencillo de “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” El Viacrucis comenzó desde el momento en el cual a Francisco le arrebataron su más preciado tesoro. El Viacrucis había comenzado para él hace mucho tiempo, por eso llegaba ya cansado, sin ganas de caminar. Francisco vivía para no morir, y Jesús moría para darnos vida. Allí estaba el rostro sufriente. Hoy, como la Verónica, quiero dejar su rostro en mi paño, en estas letras que buscan conservar en el tiempo la revelación más clara de la vida… Jesús sigue muriendo en miles de historias rotas que caminan por nuestro barrio. Francisco es un hombre que revela el rostro del Siervo Sufriente. Francisco se convierte en llamada, en el eco de miles de gritos que nacen del fondo de una humanidad rota, es la expresión viva de que la cruz sigue siendo cargada por miles y miles de hombres y mujeres….

Que el Señor saque de tu corazón, Francisco, todo odio y resentimiento. No puedo decirte nada más, sólo el Crucificado puede ayudarte a llevar tu cruz. Sólo Él puede comprender tu dolor. Tu dolor sobrepasa el dolor de cualquier hombre; creo que nunca podremos conocer la profundidad del amor que te ha llevado a tanto sufrimiento. Perdona, aunque no tenga sentido. Vive, aunque la vida no tenga sentido en este instante. Carga su cruz, seguramente será más ligera al final del camino. No desmayes, sólo tú puedes llevar la cruz hasta su destino final. Sólo Él tiene palabras de vida eterna….


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

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