Lázaro hoy está en medio de nosotros. Reflexiones del Evangelio del Día

20 marzo, 2014

Lázaro hoy se ha multiplicado en millones de personas que viven en la periferia de nuestras ciudades, al margen de los ricos que habitan la ciudad.

Lázaro hoy muere decenas de veces, por las balas que atraviesan los cuerpos de muchos hombres en edad juvenil.

Lázaro hace largas filas, por horas, para encontrar a bajo costo los alimentos.

Lázaro es engañado con doctrinas falsas, que le hacen creer que algún día podrá vivir como los epulones.

Lázaro carece de estudios y de formación de calidad; le engañan diciéndole que en la escuela podrá prepararse para vivir mejor.

Lázaro hoy tiene la esperanza de que todo cambiará, cuando todo está hecho para que siga igual.

Lázaro es golpeado y torturado por quienes le prometieron que ejercerían el poder a su favor.

Lázaro hoy está en siendo utilizado por quienes no tienen otra ambición que el poder.

Lázaro hoy es asaltado en la calle, mientras que los epulones gozan de la mejor seguridad.

Lázaro hoy canta, en medio de las desesperanzas, porque la esperanza es lo que los ricos nunca han podido robarle.

Las llagas de Lázaro no solo satisfacen a los perros; de ellas se alimentan las ansias del poder de los ricos.

Lázaro hoy vive, a pesar de que muchos quieran asesinarlo. Su vida nace del Espíritu, y no de la carne.

Lázaro será quien nos juzgue al final de nuestra historia.

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No llores

4 junio, 2013

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu dolor y tu llanto. Con tu hijo, sientes que lo has perdido todo, que ya nada tiene sentido.

No llores. Muchas también hoy se lamentan por la pérdida de lo más valioso. Algunas lo han perdido por el misterioso mal que habita en nuestra carne débil. Otras, por el misterioso mal que habita en el corazón de otros, que genera muerte y violencia.

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu súplica. La vida no ha perdido su sentido, a pesar de haber perdido lo más valioso. Has perdido personas amadas, pero no has perdido en Amor. Has perdido vida, pero no has perdido a quien es la fuente de toda vida. Has perdido el sendero, pero no has perdido la brújula. Has perdido mucho, pero no lo has perdido todo.

No llores. Tu hijo está en el lugar del cual salió. Porque tu hijo no salió primero de tu vientre, sino de la creación amorosa de Dios, quien quiso compartir contigo aquello que te hace imagen y semejanza de Él: la maternidad. Hoy, tu hijo está con el Padre, esperando con los brazos abiertos tu llegada; Jesús le ha devuelto la vida, y sólo espera entregártelo en vida plena el último día.

No llores, mujer. También María, madre de Dios, ha vivido en carne propia tu dolor. Ha gritado desde el dolor, porque la violencia y la muerte no saben de amor; separa lo que nunca ha debido dividirse. Pero ella, como tú, levanta sus ojos al cielo, guarda todo en su corazón, y espera la venida de quien nunca debió partir.

No llores. Tu vida sigue siendo vida. El llanto es sólo para quienes han perdido lo que la fe nos asegura. El llanto es sólo para quienes no han descubierto que sólo Dios basta.

No llores. “Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo”

(Reflexiones del Evangelio del domingo 09 de junio 2013, tomada del Evangelio de Lucas 7,11-17)


Háblame

28 mayo, 2013

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Jesús, háblame del Reino, como hablabas a la multitud que los perseguía en Betsaida.

Háblame de ese plan que tienes pensado desde el inicio de los tiempos.

Háblame con pasión de esa locura que nace del deseo, que se convierte en la esperanza en medio de la desesperanza.

Háblame de tu opción por la humanización mientras todos buscamos la felicidad convirtiéndonos en objetos de ideologías y de caprichos.

Háblame de esa fuerza que nace en tu interior, y que nos impulsa a nosotros al absurdo de la cruz, encontrando en ella redención.

Háblame de tu esperanza y tu certeza, en los momentos en los que pierdo las mías, y dejo el amor necesario para contemplar el mundo.

Háblame de tu manía con los enfermos, los pobres, los niños en riesgo, los adolescentes desorientados….

Háblame de la vida, cuando siento que pierdo en lo absurdo la mía.

Háblame del amor, cuando hemos aprendido a utilizarnos como objetos de placer unos a otros, conviviendo en la más mísera soledad.

Háblame con palabras convincentes, llenas de verdad, de belleza y de bondad,… indicio de la presencia de Dios en el “dabar”…

Háblame al oído de la verdad, cuando todos vociferan falsedades y resquemores…

Háblame desde una conciencia pura y limpia….

Háblame como quien habla al ser amado, revelándose y revelando lo íntimo del otro en palabras que contienen la única verdad

Háblame, Señor, como sólo Tú sabes hacerlo, entregándote plenamente

Háblame del Reino, porque mis ojos sólo ven el mal que hunde, deshumaniza, deforma, destruye…

Háblame, Señor, que tu siervo escucha….


El Reino de Dios, ¿a qué se parece?

30 octubre, 2012

El Reino de Dios se parece a la semilla de mostaza sembrada en la huerta, que se convirtió en arbusto y los pájaros se cobijaron en sus ramas (Lc. 13).

El Reino de Dios se parece a la levadura que hace fermentar la masa; deja de ser, muere, para dar vida a quien es diferente.

El Reino de Dios se parece a la madre que se restringe en sus gustos y satisfacciones, da vida a su hijo o a su hija, y al final de la vida se encuentra con la satisfacción de haber amado hasta donde la existencia se lo permitía.

El Reino de Dios se parece al sol, que muere para dar paso a la noche, y así revelarnos su su transitoriedad y el rostro de quien es Eterno.

El Reino de Dios se parece al hombre y a la mujer que desechan todo lo que parecía fértil, bueno, grandioso, plenificante, para dar paso a una vida entregada entre los más pobres y necesitados.

El Reino de Dios se parece a la lámpara que poco a poco se consume, y da luz en medio de la noche.

El Reino de Dios se parece a un niño o a una niña, que sacrifica su merienda para dar lo que tiene a los niños y niñas que más lo necesitan.

El Reino de Dios se parece a un padre de familia, que llega agobiado del trabajo con una sonrisa y dispuesto a desgastar las últimas horas del día jugando con sus hijos o sus hijas.

El Reino de Dios se parece a un maestro, que pudiendo tener una mejor calidad de vida, opta por educar en las condiciones más difíciles.

El Reino de Dios se parece a un sabio anciano, que al estar en casa nos invita a permanecer en ella, a dar calor de hogar, a encontrarnos como hermanos, como familia.

El Reino de Dios se parece a un hijo o a una hija, que sacrifica sus placeres y necesidades por ayudar a su madre a superar una enfermedad crónica.

El Reino de Dios se parece a una joven que descubre al amor y se compromete a compartir su cuerpo y su alma, su vida y su existencia, su corazón virgen, con el Amado.

El Reino de Dios se parece a un mendigo, que ofrece su ayuda a una pareja que acaba de sufrir un accidente a altas horas de la noche y se expone a mayores peligros.

El Reino de Dios se parece a un sacerdote que deja el altar y el clériman y se hace hermano de los más pobres y necesitados.

El Reino de Dios se parece a un hombre que trabaja y trabaja, convencido de que está construyendo un mundo mejor.

El Reino de Dios se parece a una joven atea, que día tras día, semana tras semana, año tras año, acompaña sin mayor recompensa a las víctimas de violaciones de Derechos Humanos a oficinas y lugares donde debe implorarse lo que es un derecho fundamental.

El Reino de Dios se parece a un adolescente que cuida a su madre parapléjica apenas sale del liceo, aprendiendo a amarla desde la enfermedad.

El Reino de Dios se parece a un hombre que, por sus convicciones, es capaz de dar la vida.

¡Sí, Señor, he sido testigo de la presencia del Reino de Dios!

 


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

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