No llores

4 junio, 2013

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu dolor y tu llanto. Con tu hijo, sientes que lo has perdido todo, que ya nada tiene sentido.

No llores. Muchas también hoy se lamentan por la pérdida de lo más valioso. Algunas lo han perdido por el misterioso mal que habita en nuestra carne débil. Otras, por el misterioso mal que habita en el corazón de otros, que genera muerte y violencia.

No llores, mujer. Dios ha escuchado tu súplica. La vida no ha perdido su sentido, a pesar de haber perdido lo más valioso. Has perdido personas amadas, pero no has perdido en Amor. Has perdido vida, pero no has perdido a quien es la fuente de toda vida. Has perdido el sendero, pero no has perdido la brújula. Has perdido mucho, pero no lo has perdido todo.

No llores. Tu hijo está en el lugar del cual salió. Porque tu hijo no salió primero de tu vientre, sino de la creación amorosa de Dios, quien quiso compartir contigo aquello que te hace imagen y semejanza de Él: la maternidad. Hoy, tu hijo está con el Padre, esperando con los brazos abiertos tu llegada; Jesús le ha devuelto la vida, y sólo espera entregártelo en vida plena el último día.

No llores, mujer. También María, madre de Dios, ha vivido en carne propia tu dolor. Ha gritado desde el dolor, porque la violencia y la muerte no saben de amor; separa lo que nunca ha debido dividirse. Pero ella, como tú, levanta sus ojos al cielo, guarda todo en su corazón, y espera la venida de quien nunca debió partir.

No llores. Tu vida sigue siendo vida. El llanto es sólo para quienes han perdido lo que la fe nos asegura. El llanto es sólo para quienes no han descubierto que sólo Dios basta.

No llores. “Un gran profeta ha surgido entre nosotros; Dios se ha ocupado de su pueblo”

(Reflexiones del Evangelio del domingo 09 de junio 2013, tomada del Evangelio de Lucas 7,11-17)


Francisco

29 marzo, 2013

Posiblemente, algunos de los que se acercan a estas líneas piensan que encontrarán un hermoso discurso sobre la figura interesante del nuevo Obispo de Roma. O tal vez, imagine una alegoría sobre el hombre que supo llamar a la Iglesia a una vida de pobreza cuando había llegado a los límites posibles del despilfarro y la opulencia.

Pero no. Francisco es un hombre sencillo, un hombre de un barrio cualquiera de la ciudad de Caracas. Al verlo te impresiona su aspecto y su hedor a alcohol. Al acercarse, crees que no tiene nada importante que contarte, ni que decirte. Es un “borracho” más en la esquina de cualquier posilga, abundantes en nuestros barrios. Sin embargo, Francisco es el Jesús sufriente, que un Viernes Santo, minutos antes de iniciar el Viacrucis, me revela que la Pasión sigue actuando, que es Jesús quien ha venido a nosotros para revelarnos desde el sufrimiento el poder del amor.

Francisco perdió a su esposa por un hombre alcoholizado que iba conduciendo un vehículo y, como dice él, “le arrebató a su esposa de las manos”. Fue cristiano practicante (su léxico permite saber que es así), hizo itinerarios catequéticos que le llevaron a conocer a Dios. Pero el dolor de la pérdida ha sido mucho más fuerte que él, si a eso sumamos un hermano esquizofrénico con quien comparte la habitación, y que le ha obligado a dejar a su hija de siete años en las manos de su madre, mayor de 80 años, en Valencia. Francisco perdió a su mujer e, indirectamente, a su hija, “el único tesoro que le daba sentido a su vida”

Francisco se sumergió en el alcohol. Como lo dice él, el alcohol le quitó lo más sagrado de la vida, y poco a poco le está arrebatando la vida misma. Es consciente de su dependencia, sabe que ya es difícil salir de ella, sabe que sería capaz de cualquier cosa con tal de volver a vivir. “No puedo, padre”, es lo que pronuncia repetidas veces. No puedo vivir, no puedo perdonar, no puedo estar sin mi hija, no puedo estar si ella, aunque ella está en mí en todo momento, no puedo soñar, no puedo encontrar sentido a todo esto. Sólo el alcohol parece facilitar la vida… engañado vive, sabiéndose engañado, prefiriendo vivir así y no delante de la verdad….

Francisco llegó minutos antes de iniciar el Viacrucis. “Padre, sáqueme este demonio que me come por dentro”… Una traducción sencillo de “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” El Viacrucis comenzó desde el momento en el cual a Francisco le arrebataron su más preciado tesoro. El Viacrucis había comenzado para él hace mucho tiempo, por eso llegaba ya cansado, sin ganas de caminar. Francisco vivía para no morir, y Jesús moría para darnos vida. Allí estaba el rostro sufriente. Hoy, como la Verónica, quiero dejar su rostro en mi paño, en estas letras que buscan conservar en el tiempo la revelación más clara de la vida… Jesús sigue muriendo en miles de historias rotas que caminan por nuestro barrio. Francisco es un hombre que revela el rostro del Siervo Sufriente. Francisco se convierte en llamada, en el eco de miles de gritos que nacen del fondo de una humanidad rota, es la expresión viva de que la cruz sigue siendo cargada por miles y miles de hombres y mujeres….

Que el Señor saque de tu corazón, Francisco, todo odio y resentimiento. No puedo decirte nada más, sólo el Crucificado puede ayudarte a llevar tu cruz. Sólo Él puede comprender tu dolor. Tu dolor sobrepasa el dolor de cualquier hombre; creo que nunca podremos conocer la profundidad del amor que te ha llevado a tanto sufrimiento. Perdona, aunque no tenga sentido. Vive, aunque la vida no tenga sentido en este instante. Carga su cruz, seguramente será más ligera al final del camino. No desmayes, sólo tú puedes llevar la cruz hasta su destino final. Sólo Él tiene palabras de vida eterna….


Son sólo situaciones…

23 noviembre, 2012

Hay situaciones en la vida que te llevan a cuestionarte por qué algunos se atreven a traer hijos e hijas al mundo.

Hay situaciones que ponen en vilo tu fe, y te llevan a preguntarle a Dios dónde está, porque parece inaccesible.

Hay situaciones que despiertan las emociones contrarias en el mismo momento, en el mismo lugar y delante de la misma persona.

Hay situaciones que dan miedo aunque pueden ser inofensivas; otras despiertan tu valentía siendo mucho más riesgosas.

Hay situaciones que llevan a muchos y muchas adolescentes a suicidarse creyendo que así viven más y mejor.

Hay situaciones nos revelan que aun falta mucho para instaurarse el Reino de Dios.

Hay situaciones diabólicas, que dividen y separan lo que es, desde el principio, uno:

Hay situaciones que desesperan hasta a las personas más pacíficas.

Hay situaciones que llevan a las parejas que más se aman a decidir hacer su vida separados; pero otras llevan a vivir juntos y para siempre a quienes nunca se han atrevido a amarse.

Hay situaciones que muestran la mediocridad por la que muchos y muchas optan.

Hay situaciones que no son más que un círculo delgado y frágil, pero imposible de romper.

Hay situaciones que pueden ser transformadas sólo con la decisión de una persona.

Hay situaciones que no cambiarán, aunque la humanidad entera se lo proponga.

Hay situaciones que te llevan a preguntarse si realmente algunos padres están dispuestos a amar a sus hijos.

Hay situaciones que te llevan a encontrar que un padre es capaz de hacer cualquier cosa por los suyos y por los de los demás.

Hay situaciones que revelan la presencia absoluta de Dios en medio del mundo.

Hay situaciones inexplicables.

Hay situaciones que buscan hundir el espíritu humano en el sin sentido.

Hay situaciones creadas; otras existen desde que el ser humano es tal.

Hay situaciones que revelan la necesidad de trascendencia de todo ser humano.

Hay situaciones que despiertan la impotencia y la rabia.

Hay situaciones que nos llevan a desear tener más días y horas de vida…

Hay situaciones que nos llevan a desear la muerte.

Sin embargo, todas las situaciones nos revelan que estamos vivos, que hay esperanzas siempre que el aire pase por nuestros pulmones y la sangre corra por nuestras venas… Todas nos revelan que somos y existimos.


Hay muertes

2 noviembre, 2012

Hay muertes súbitas.

Hay muertes que transmiten la presencia divina de quien yace.

Hay muertes injustas, hay muertes deseadas.

Hay muertes incomprensibles.

Hay muertes repentinas; hay muertes que son el desenlace de toda una historia cuyo fin se sabía desde el inicio.

Hay muertes complejas; hay muertes simples.

Hay muertes sospechosas, hay muertes violentas;

hay muertes necesarias, hay muertes que no tienen razón de ser.

Hay muertes buscadas y muertes encontradas; hay muertes codiciadas.

Hay muertes inverosímiles.

Hay muertes muy prontas y hay muertes tardías.

Hay muertes valientes y hay muertes cobardes.

Hay muertes que transmiten desesperación y angustia de quien yace.

Hay muertes reconocidas y hay muertes anónimas.

Hay muertes que reconcilian, hay muertes que dividen.

Hay muertes que matan; hay muertes que dan vida.

Hay muertes que son consecuencia de un mal; otras, son causa del mismo.

Hay muertes que son consecuencia de un bien; otras son causa del mismo.

Hay muertes aceptadas por algunos grupos sociales, hay muertes disfrazadas y rechazadas por otros.

Hay muertes asistidas, hay muertes solitarias.

Hay muertes dolorosas; hay muertes sin dolor.

Hay muertes ya antes de nacer, hay muertes que llegan después de una verdadera muerte existencial.

Hay muertes que hablan de presencia; hay muertes que hablan de ausencia.

Todos moriremos, nadie dejará de morir.


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

... un espacio para seguir dando pasos...

Escuela de Educadores Escolapios

Provincia de Centroamérica y Caribe