Un falso desencuentro, en una Venezuela encontrada

16 junio, 2017

Roberto bajó desde temprano las escaleras del barrio. Llevaba puesta su camisa roja, con los ojos del supremo. Su gorra la había obtenido en una de las marchas, a las que nunca faltaba. Debía defender el legado, costase lo que costase. Gracias a él, había obtenido su casa, y había dejado atrás el barrio donde años antes su hermano había sido asesinado.

Algunas miradas se atravesaban, otras transmitían el beneplácito de quienes hallaban en el un defensor de la causa. En sus manos, un gran estandarte del líder fallecido, el mismo al que su madre le colocaba una vela todas las noches para pedirle por el país y por el cese de la violencia. Para llegar a su destino debía atravesar la masa de gente con banderas tricolores y gorras muy semejantes a las suyas pero con una ligera diferencia que los distanciaba kilométros de antipatía y enemistad.

Mientras tanto Jorge estaba entre la inmensa humanidad reunida en el descontento de una revolución que, según él, había dejado muerte, odio, hambre y fracaso. No conocía a Roberto… para él solo podían ser aduladores sin capacidad de pensar y de descubrir el legado de miseria y de destrucción. Escuchaba todos los días, en horas de la noche, los discursos de los diferentes líderes de los partidos políticos que se unían en contra de la barbarie. Sabía que la causa era justa; y de cualquier manera “había que salir de esto”. Cada marcha, cada convocatoria era una descarga de profunda adrenalina. Sabía que, si no había futuro en este país, tampoco valía el presente. Se arriesgaba, a pesar de que su madre se quedaba pensativa en casa, orando a la Virgen para que su hijo regresase vivo. Ya había recibido sus lecciones; las marcas de su cuerpo así lo gritaban al mundo. Se enorgullecía de ellas, pues para muchos eran las marcas de los liberadores de la dictadura.

Roberto se atrevió, a pesar del terror que cubría su piel. Pasaba en medio de hordas que gritaban e insultaban a quien él adulaba. Rabia y rencor se despertaba en él, podía transmitirlo su mirada. Guardó su gorra, pero lucía orgulloso su franela carmesí. Pero nadie tuvo tiempo de reaccionar ante su presencia… Una ráfaga de sonidos estruendoso, segundos de tiempo, espantos de olores que arden en el rostro, están acompañados de un gran caos, de gritos y llantos. Todos corren, uno de “ellos” está tendido en el piso. La sangre, del mismo color de su franela, se desliza con lentitud, de manera macabra, por el pavimento…

Se acerca, mientras todos huyen. En medio del llanto que producen esos olores nauseabundos que nacen de las armas, se acerca. Ve su rostro. Todas las imágenes caen. No era un terrorista, no tenía armas en sus manos, tenía tatuado en sus brazos el mismo mapa que encontraba en su franela. El color de la sangre de la víctima le unía al color que le vestía. Vio sus ojos; su cabeza se convirtió en un torbellino de ideas que se negaban unas a otras; se sentía despojado de sus convicciones y esperanzas.

Jorge sólo veía como sus aliados habían huido, dejándolo en medio de la desgracia porque la patria los necesitaba. Se encontraba allí, tendido, en los brazos del enemigo. Vio su rostro… no estaba armado, no gritaba ni insultaba, no defendía lo indefendible, no había huido a pesar de los beneficios que, según sus líderes, le esperaban sí asistía puntualmente a la próxima concentración oficial. Su cabeza se convirtió en un torbellino de ideas que se negaban unas a otras; se sentía despojado de sus convicciones y esperanzas….

Jorge y Roberto se encuentran drásticamente. Todo se tambaleaba; solo permanecía la mirada, que descubría el misterio que escondía uno para el otro. Todo lo anterior parecía infundado, falso, rechazado… sólo podían hallar la verdad que se encuentra en el rostro del hermano.


¡Absténganse fanáticos!.. Reflexión desde la Venezuela de hoy

16 abril, 2013

Escribo ante la inquietud de algunos hermanos y amigos que, desde fuera del país, me escriben constantemente y me preguntan: ¿qué pasa? ¿es verdad lo que dicen los medios? ¿cómo se encuentran? ¿está todo bien?… En fin, una serie de cuestionamientos que revelan la preocupación y el cariño de muchas personas que, sin ser venezolanas, están atentas al acontecer nacional.

Lo primero que debo decir es que intentaré caminar por el difícil camino de la objetividad. Como bien sabemos, la objetividad es un bien que aspiramos, más que una realidad. Desde ese sueño, desde la idea de transmitir con realismo y sin fanatismos nuestra situación, comienzo escribiendo estas líneas.

Lo sucedido en Venezuela el día domingo ha sido una contundente sorpresa para todos los venezolanos. Quienes apoyan al gobierno se dan cuenta claramente que el liderazgo del nuevo jefe está haciendo que un número significativo de oficialistas no crean en él y decidan votar por la mal llamada “derecha fascista” o se abstengan. Los número no les cuadran: con el mismo padrón electoral del mes de octubre y los mismos índices de abstención, se observa claramente una fuerte cantidad de votos que en octubre fueron para el comandante y hoy son para el líder de la Mesa de la Unidad. Se encontraron con una realidad clara: ya no son la gran mayoría.

Quienes apoyan a la Mesa de la Unidad, donde confluyen toda una serie de grupos y de ideologías de diverso género, y cuyo único fin es unir el esfuerzo de los que no creen en la revolución como camino para el país, por primera vez en 14 años, se dan cuenta de que el nuevo líder del oficialismo es vencible. Ante la muerte de quien fuera el Presidente de la República hasta hace poco más de un mes, la oposición saca las cuentas, y se da cuenta que ha logrado atraer a un sector del chavismo inconforme con el nuevo líder dejado por el comandante. De esta forma, la oposición, que dudaba hace dos semanas de la victoria, hoy se encuentra más fortalecida y apoyada de lo que ella misma se imaginaba.

Ante esta situación, que aún ninguna de las partes termina de digerir, se presentan diversas escenas políticas:

1. Los extremistas de la revolución, que piensan en seguir gobernando de la misma forma como lo hacía el comandante, cuando tenía un amplio sector del país. Estos son los que siguen pensando que, sin diálogo ni negociación, pueden seguir gobernando. Este grupo es el que, sin duda alguna, lleva al país a una encrucijada donde la salida sólo puede ser violenta. Son los que optan por la persecución política, los movimientos de calle, entre otras expresiones violentas.

2. Los revolucionarios “políticos”, aquellos que saben que el escenario ha cambiado, y que deben revisar las formas de hacer política y de gobernar. Saben que, para mantenerse en el poder, deben negociar con la otra mitad de Venezuela, y buscan caminos de diálogo. Ven las cifras, aceptan los errores, y saben que sólo será posible la gobernabilidad si se tienden puentes. Son los revolucionarios que, por ejemplo, apoyarían una auditoría, o se cuestionan la razón por la cual sectores pobres decidieron votar por la propuesta “capitalista”.

3. Los extremistas de la oposición, que buscan pescar en río revuelto. Saben que la oposición tiene, por primera vez en la historia, verdaderas oportunidades de ocupar la silla de gobierno, y quieren alcanzarla a como dé lugar. Son los que incitan a la violencia, intentan desconocer las instituciones,….

4. Los oposicionistas políticos, que saben que deben buscar disminuir la tensión entre los seguidores que están convencidos de la victoria el día domingo, en virtud de la diferencia mínima que significó. Piden una auditoría y tratan de liderizar los movimientos de protesta, conscientes de que, en cualquier momento, algunos de los grupos puedes caer en extremismos. Se saben responsables de “drenar” una tensión y un malestar que viene del pueblo, y es por eso que buscan hacerlo a través de formas democráticas de participación y de protesta.

¿Cuál es el problema? Los oficialistas radicales son los que están tomando las decisiones; la oposición “política” teme que la oposición “extremista” tome las calles y entorpezca los caminos para la realización de la auditoría.

¿Cuál es la salida? La negociación. Sin embargo, los grupos oficialistas radicales, que toman las decisiones, se niegan a ceder, con lo cual, generan un sentimiento de frustración en el pueblo opositor. Mientras tanto, los líderes de la oposición intentan liderizar ese sentimiento, y en pocos días puede escapársele de las manos….

¿Cuál es el pronóstico? Movimientos de calle, grupos extremistas de parte de parte,… ausencia de diálogo, confrontación, familias divididas…

Sin duda alguna, las próximas horas serán decisivas. Pidamos a Dios que los líderes políticos, en quienes el pueblo ha puesto su confianza, sepan reconocer que el panorama político cambió, y por eso se necesita cambiar las estrategias. No es el momento de descalificaciones; es el momento del diálogo y unidad, desde condiciones que sean aceptadas por todos. ¿Serán capaces los líderes de ambos bandos de manejar una situación que empieza a escapársele de las manos?


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

... un espacio para seguir dando pasos...

Escuela de Educadores Escolapios

Provincia de Centroamérica y Caribe