Dios es luz

10 mayo, 2013

“Dios es luz sin mezcla de tinieblas” (1 Jn. 1, 5)

Así nos describe el autor de la primera carta de Juan el testimonio dejado por la comunidad cristiana a los seguidores de Jesús. Ante las diversas tendencias que negaban a Jesús como verdadero Dios y verdadero hombre, el autor de la carta resalta: “Si decimos que compartimos su vida (la de Jesús) mientras caminamos a oscuras, mentimos y no procedemos con sinceridad” (1 Jn. 1, 6)

No he encontrado en este día una frase más clara de la situación actual que vivimos como Vida Religiosa y como Iglesia. Caminamos en medio de nuestras oscuridades, y afirmamos compartir su vida y su destino. Oscuridades que nos ciegan, marañas de sentimientos y sensaciones que nos hacen perder el sentido último de nuestra fe. Pareciese que el seguimiento a Jesús fuera compatible con todas nuestras oscuridades, mientras no nos tropecemos. Sin embargo, lo primero que podemos afirmar es que será muy probable el tropiezo, y aún si él, estaremos viviendo en la mentira y la falsedad. Compartir su vida SÓLO  es posible si caminamos en la luz, que es el mismo Dios. En definitiva, no podemos afirmar que le seguimos si nuestras actitudes y acciones niegan la centralidad de Cristo en nuestra vida personal y comunitaria. Si es así, nos estaremos engañando, y la oscuridad, la mentira y la falsedad serán las bases de nuestras incongruentes acciones.

La carta continúa con una afirmación que complementa y permite comprender la anterior. “Si decimos que no hemos pecado, nos engañamos y no somos sinceros” (1 Jn. 1, 8) En definitiva: quienes andan en la oscuridad no pueden ver su pecado; por lo tanto, afirman que no han pecado y en consecuencia no necesitan ser convertidos. Creo que el mensaje es claro: a mayor oscuridad menos conciencia de pecado. Esto es perceptible en personas y comunidades: les es más difícil encontrar las actitudes e ideas que le alejan de Dios en la medida en que caminan en la oscuridad, en la ausencia de Dios. Por lo tanto, la presencia de Dios en nuestras vidas es luz que revela nuestro pecado, nos permite encontrarnos con la verdad personal y comunitaria.

Por lo tanto, creo que podemos afirmar que:

– el gran problema de nuestra vida de fe personal y comunitaria son los conflictos, sino la ausencia de luz, que nos hace caminar a oscuras afirmando falsamente que compartimos la vida y el destino de Jesús.

– necesitamos una gran dosis de realismo, que sólo vendrá dado en la medida en que aceptemos que Jesús es la única luz que puede revelarnos las oscuridades de nuestra vida.

– es necesario acercarse a quien es la palabra y la vida: éstas se han manifestado en la persona de Jesús. Dejarnos interpelar por sus actitudes y sus opciones: ante la mujer, ante el desvalido, ante los saduceos, fariseos, sumos sacerdotes, ante su propia familia, ante sus amigos, ante la realidad.

– Mentir es afirmar compartir su vida cuando en realidad andamos a oscuras. Peligro claro para la Vida Religiosa, que tradicionalmente ha sido considerada por sus miembros y por la Iglesia como el “reservorio de la verdad”. Seremos más auténticos en la medida en que dejemos que la luz de Dios revele nuestras propias herejías.

– ante una sociedad hipersensible, fragmentada e individualista, es importante sacar a la luz las formas en las cuales estas características forman parte de nuestra vida cotidiana. Sin eso, iremos perdiendo el sentido profunda de una entrega que, posiblemente, es más compensación que donación, sin descubrir las raíces de esta ausencia progresiva. Solamente reconociendo nuestro pecado podremos encontrar en Jesús la fuente de la vida y de la salvación.

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Sí, es necesario…

21 enero, 2013

Caminando en medio de grandes hoteles y casinos de una parte hermosa de Santo Domingo, adornados por el Mar Caribe que hace de un majestuoso telón de fondo; en medio de calles solitarias por ser un día feriado; me encontré, también caminando por las aceras, a un niño que me ofrecía limpiarme los zapatos por unos cuantos pesos. Sólo le dije que tenía zapatos deportivos, y que, en consecuencia, no podía limpiarlos.

Su mirada y su gesto fue lo que permitió terminar de convencerme de que hoy, más de nunca, el carisma de Calasanz sigue vivo, esperando de nuestra nueva Provincia respuestas audaces ante la pobreza de nuestros niños. Algunos mencionan las grandes dificultades que nos plantea ser cinco países distantes y diferentes; sin embargo, yo sólo veo una realidad que nos une y nos acerca: miles de niños que siguen, aún hoy, limpiando zapatos para poder vivir.

Calasanz nos guíe, María nos acompañe, Jesús sea el centro de nuestras vidas.

 


Interpretando libremente a Calasanz….

30 noviembre, 2012

Mi reflexión no aspira lograr el rigor científico de una investigación que desee llamarse como tal. Es, simple y llanamente, una interpretación libre y subjetiva de lo que, desde mi punto de vista, nos interpela nuestro Fundador. En una época donde la moda es sentir y relativizar el pensamiento y la objetividad,  y realzar patológicamente las emociones y sensaciones, no está de más dejarnos llevar por unos instantes por esa corriente sensual, “light”, ligera, a la que algunos nos resistimos día a día.

En esta semana de San José de Calasanz que culmina en los países de calendario del norte, ¿qué podemos decir sobre el santo? O mejor dicho, ¿qué puede decirnos el santo en este momento frugal y pasajero? Para presentarlo me valgo de la rigurosidad de la numeración y la lógica, que enloquece a nuestra sociedad. Algunos tal vez desearían un mapa mental, o una exposición colorida llena de formas y de elementos atractivos en lo visual… pero tampoco puedo escapar de la forma en la cual he aprendido a sistematizar información. Por lo tanto, y en contra de lo que muchos desearían, paso a enumerar lo que, según mi perspectiva, Calasanz demandaría a quienes formamos parte del milagro que supone la existencia real de la institucionalidad escolapia….

1. Estoy convencido de que Calasanz hoy nos preguntaría cuál es el nivel de compromiso con la misión que llevamos entre manos. Sin duda alguna, para algunos puede ser entristecedor, pero para otros puede llegar a ser normal y aceptable (¡?) que algún religioso o fraterno relativice la misión que le ha sido encomendada por “asuntos personales”, “compromisos”, “realidades familiares”, “elementos emocionales”. En algunos casos puede ser más fuerte el “compromiso” personal que la tarea encomendada …. Sí, ha llegado el subjetivismo a nuestras vidas, y no nos habíamos dado cuenta.

2. Calasanz valoraría mucho la importancia que hoy la mayoría (y principalmente los más jóvenes) damos a la vida comunitaria y fraterna, por encima de otros aspectos que en cualquier época podrían llegar a ser más importantes. La vida comunitaria y fraterna es, sin duda alguna, una fuente principal para el equilibrio de toda persona, para la espiritualidad y la vivencia de los votos. Sin embargo, no debemos olvidar -nos diría el Santo- que a todos y a todas nos une, por encima de los lazos afectivos y fraternos, la misión.

3. Pienso que Calasanz estaría empujando por todos lados y con todas sus fuerzas, iniciativas que llevasen a revitalizar su obra. Sin duda pensaría en procesos de reestructuración como lo hacemos actualmente, pero sabría que no son suficientes para un proceso real de revitalización. Calasanz descubrió que las formas de Vida Religiosa de su época no encajaban ante lo que se revelaba como una tarea que demandaba la consagración absoluta de hombres y mujeres. Sin duda alguna, hoy nos diría que algunas de nuestras formas de vida y de organización no encajan con nuestra misión, y que no serán transformadas por procesos de reestructuración que se limiten a lo geográfico….

4. Supongo que Calasanz se sorprendería al observar que aún en la mayoría de nuestras obras hay un amplio sector de niños, niñas y adolescentes que queda excluido. Una obra que nace intuitivamente como incluyente se transformó, a lo largo de la historia, en excluyente… Algunos, por su realidad social; otros, por sus características personales; otros, por sus discapacidades…. Seguramente, Calasanz estaría ingeniándose la forma de llegar a ellos, sin pensar en los recursos humanos y económicos que supondría. Su pasión por la misión le llevó a relativizar estos aspectos, y con el tiempo sentimos sus consecuencias en nuestro instituto.

5. ¿Qué decir de la pobreza y el “aburguesamiento progresivo”?… Sin palabras.

6. Calasanz soñaría con religiosos de amplia cultura y de actualización constante. Sin embargo, observamos cómo algunos jóvenes (ya algunos religiosos y sacerdotes) todavía padecen serias dificultades ortográficas y semánticas, o desconocen en líneas generales las causas del conflicto árabe israelí, o dudan del continente en el cual se encuentra Madagascar…. Esto, unido al deterioro progresivo de la educación en algunos de nuestros países, proyecta un futuro nada satisfactorio a mediano y largo plazo.

7. Creo que nos invitaría a ser pastores, además de gerentes.

8. ¿Qué decir de la Vida Religiosa femenina? Nuestro instituto ha sido sabiamente capaz de integrar en su seno formas plurales de participación del laicado, en consonancia con la voz del Espíritu que se pronunció en el Vaticano II. Sin embargo, no hay en la Orden formas de participación que integren la Vida Religiosa femenina. En una época de amplio protagonismo de la mujer, y de una amplísima base eclesial femenina, sería interesante discernir sobre este aspecto.

9. Calasanz, seguramente, admiraría el número de obras y de países a los que hemos llegado, a pesar de las grandes resistencias que la obra tuvo en sus inicios. Se complacería al admirar el número de religiosos que han pasado por sus obras en todas estas generaciones, en la capacidad de esfuerzo y sacrificio de muchos ellos por llevar a las más lejanas latitudes esta obra, llamada a dar vida en cualquier lugar del globo terráqueo. Se alegraría al observar a tantos jóvenes que sueñan con entregar su vida a esta gran misión. Todos, hijos de diferentes generaciones, con formas de pensar, de vivir y de sentir diferentes a las del santo; todos, con la mirada puesta en los niños y jóvenes….

Mordaz, tal vez; reflexiones que nacen de quien en este momento se sienta ante un teclado y comienza a plasmar ideas que pasan por su cabeza. Necesidad de cambios profundos; admiración por lo grande y hermoso que ha llegado a ser esta obra nacida del Espíritu “y la tesonera paciencia del Santo”, aun con las fuertes limitaciones de todos sus miembros. Ubicado en la línea exacta donde se desarrolla la dialéctica existencial; en la línea que divide a la muerte y a la vida….


Son sólo situaciones…

23 noviembre, 2012

Hay situaciones en la vida que te llevan a cuestionarte por qué algunos se atreven a traer hijos e hijas al mundo.

Hay situaciones que ponen en vilo tu fe, y te llevan a preguntarle a Dios dónde está, porque parece inaccesible.

Hay situaciones que despiertan las emociones contrarias en el mismo momento, en el mismo lugar y delante de la misma persona.

Hay situaciones que dan miedo aunque pueden ser inofensivas; otras despiertan tu valentía siendo mucho más riesgosas.

Hay situaciones que llevan a muchos y muchas adolescentes a suicidarse creyendo que así viven más y mejor.

Hay situaciones nos revelan que aun falta mucho para instaurarse el Reino de Dios.

Hay situaciones diabólicas, que dividen y separan lo que es, desde el principio, uno:

Hay situaciones que desesperan hasta a las personas más pacíficas.

Hay situaciones que llevan a las parejas que más se aman a decidir hacer su vida separados; pero otras llevan a vivir juntos y para siempre a quienes nunca se han atrevido a amarse.

Hay situaciones que muestran la mediocridad por la que muchos y muchas optan.

Hay situaciones que no son más que un círculo delgado y frágil, pero imposible de romper.

Hay situaciones que pueden ser transformadas sólo con la decisión de una persona.

Hay situaciones que no cambiarán, aunque la humanidad entera se lo proponga.

Hay situaciones que te llevan a preguntarse si realmente algunos padres están dispuestos a amar a sus hijos.

Hay situaciones que te llevan a encontrar que un padre es capaz de hacer cualquier cosa por los suyos y por los de los demás.

Hay situaciones que revelan la presencia absoluta de Dios en medio del mundo.

Hay situaciones inexplicables.

Hay situaciones que buscan hundir el espíritu humano en el sin sentido.

Hay situaciones creadas; otras existen desde que el ser humano es tal.

Hay situaciones que revelan la necesidad de trascendencia de todo ser humano.

Hay situaciones que despiertan la impotencia y la rabia.

Hay situaciones que nos llevan a desear tener más días y horas de vida…

Hay situaciones que nos llevan a desear la muerte.

Sin embargo, todas las situaciones nos revelan que estamos vivos, que hay esperanzas siempre que el aire pase por nuestros pulmones y la sangre corra por nuestras venas… Todas nos revelan que somos y existimos.


El Reino de Dios, ¿a qué se parece?

30 octubre, 2012

El Reino de Dios se parece a la semilla de mostaza sembrada en la huerta, que se convirtió en arbusto y los pájaros se cobijaron en sus ramas (Lc. 13).

El Reino de Dios se parece a la levadura que hace fermentar la masa; deja de ser, muere, para dar vida a quien es diferente.

El Reino de Dios se parece a la madre que se restringe en sus gustos y satisfacciones, da vida a su hijo o a su hija, y al final de la vida se encuentra con la satisfacción de haber amado hasta donde la existencia se lo permitía.

El Reino de Dios se parece al sol, que muere para dar paso a la noche, y así revelarnos su su transitoriedad y el rostro de quien es Eterno.

El Reino de Dios se parece al hombre y a la mujer que desechan todo lo que parecía fértil, bueno, grandioso, plenificante, para dar paso a una vida entregada entre los más pobres y necesitados.

El Reino de Dios se parece a la lámpara que poco a poco se consume, y da luz en medio de la noche.

El Reino de Dios se parece a un niño o a una niña, que sacrifica su merienda para dar lo que tiene a los niños y niñas que más lo necesitan.

El Reino de Dios se parece a un padre de familia, que llega agobiado del trabajo con una sonrisa y dispuesto a desgastar las últimas horas del día jugando con sus hijos o sus hijas.

El Reino de Dios se parece a un maestro, que pudiendo tener una mejor calidad de vida, opta por educar en las condiciones más difíciles.

El Reino de Dios se parece a un sabio anciano, que al estar en casa nos invita a permanecer en ella, a dar calor de hogar, a encontrarnos como hermanos, como familia.

El Reino de Dios se parece a un hijo o a una hija, que sacrifica sus placeres y necesidades por ayudar a su madre a superar una enfermedad crónica.

El Reino de Dios se parece a una joven que descubre al amor y se compromete a compartir su cuerpo y su alma, su vida y su existencia, su corazón virgen, con el Amado.

El Reino de Dios se parece a un mendigo, que ofrece su ayuda a una pareja que acaba de sufrir un accidente a altas horas de la noche y se expone a mayores peligros.

El Reino de Dios se parece a un sacerdote que deja el altar y el clériman y se hace hermano de los más pobres y necesitados.

El Reino de Dios se parece a un hombre que trabaja y trabaja, convencido de que está construyendo un mundo mejor.

El Reino de Dios se parece a una joven atea, que día tras día, semana tras semana, año tras año, acompaña sin mayor recompensa a las víctimas de violaciones de Derechos Humanos a oficinas y lugares donde debe implorarse lo que es un derecho fundamental.

El Reino de Dios se parece a un adolescente que cuida a su madre parapléjica apenas sale del liceo, aprendiendo a amarla desde la enfermedad.

El Reino de Dios se parece a un hombre que, por sus convicciones, es capaz de dar la vida.

¡Sí, Señor, he sido testigo de la presencia del Reino de Dios!

 


Encorvados

29 octubre, 2012

Sí, Señor. En nuestra vida mantenemos, en muchos momentos, una actitud encorvada. Las personas encorvadas son las que, poco a poco, van perdiendo la centralidad en el horizonte, y van colocando su mirada en sí mismos, en su propio ombligo, en sus propios dramas. En tu Evangelio, nos hablas de aquella mujer que, por estar poseída por un espíritu maligno, permaneció 18 años sin horizontes, sin futuro, sin esperanzas, viéndose a sí misa si poder ir más allá de sus propias sensaciones.

Vivimos en una sociedad encorvada, que se desgarra y mata para no pasar por el dolor que implica enderezarse y ver hacia el horizonte. Nos sentimos cómodos viendo nuestros propios ombligos, sin reconocer en el otro presencia divina. Doblados ante el peso del dolor y de la soledad que busca aplastarnos y hundirnos en el fango de nuestras propias incoherencias que se muestras más poderosas que nuestra fe. Humillados por una sociedad que coloca como único valor el éxito y el placer, y convierte en tabú el dolor y la muerte, como si no fueran parte de la vida misma. Sometidos por esos espíritus que nos llevan a creer en la “autoayuda”, la “autorrealización”, la “autocompasión”, y en toda esa basura barata que desde el “auto” busca revolcarnos y ensalzarnos en nuestro propio egoísmo.

Seguimos esperando, Señor, en la puerta del Templo, una palabra tuya que nos sane, que nos enderece, que nos devuelva nuestro fin último, que nos permita salir de nosotros mismos. Una palabra que nos permita contemplar la inmensidad del horizonte que se abre ante nuestros ojos cada mañana, que nos transforme en hombres y mujeres nuevos, en seguidores y discípulos.

¡Señor, endereza nuestro camino!


El imperio de la subjetividad

28 octubre, 2012

La experiencia cotidiana, debidamente reflexionada, nos lleva a reconocer como vivimos en el imperio de la subjetividad. Cuando en nuestro país se habla de posibles imperios geográficos y económicos, la vida me habla de otro imperio, más difícil de reconocer, porque subyace dentro de nosotros mismos y nos envuelve como una película transparente que nos promete protegernos de los demás, sin darnos cuenta que nos aisla y nos condiciona.

Muchos han escrito sobre la desaparición de los mitos y de los dogmas como configuradores de la vida de los seres humanos de esta generación. Frases como “fragmentación de la persona”, “ausencia de ideales”, “búsqueda de la autorrealización”, nos revelan una idea común: la persona como sujeto replegado sobre sí mismo, sin horizontes, que reconoce y absolutiza sus sensaciones, sus emociones, sus ideas y sus vivencias. Cada día soy testigo de cómo las relaciones humanas se configuran alrededor de las subjetividades, cuyo último fin no es la verdad, sino la ausencia del conflicto que puede desvanecer esa película salvadora que soy yo y mis sensaciones. “Siento, luego existo”; por lo tanto, la relación no se configura desde el valor sino desde las sensaciones que genera. Sensaciones pasajeras, como serán las relaciones que se establezcan desde ellas.

Es en este aspecto donde vislumbro una dificultad en la Vida Religiosa del futuro. En definitiva, o nos configuramos centrados en la Verdad absoluta que se revela en el rostro del Hijo, o nuestro compromiso será fluctuante, determinado por las dinámicas de relaciones humanas. El seguimiento de Jesús puede generarnos diversos momentos de dolor, angustia, alegría, esperanza, tristeza… pero no podemos rechazar el seguimiento a quien es el Camino, la Verdad y la Vida por las sensaciones placenteras o desagradables que puede generarme.

Debemos estar atentos ante una generación que, por un lado, vive cotidianamente con la violencia que anula al prójimo como sujeto; y por otro, escapa de las verdades últimas para complacerse en sus propias “verdades”, que interpretan y desfiguran la Verdad. Escapa de la relación que se configura desde el compromiso y la convicción, para guarecerse en pequeños refugios íntimos de relaciones deshumanizantes que le complacen, pero al mismo tiempo lo limitan, lo encierran sin poder alcanzar valores trascendentes.

La subjetividad es quien determina la veracidad del hecho, de la idea, de la sensación y el sentimiento. Obviamente, nos encontramos ante una generación que defiende lo que siente, pero no lo que cree, porque lo que cree dependerá de lo que siente. Hoy “creo”, pero mañana no sé, porque la razón dependerá de las sensaciones, que en sí mismas son fluctuantes y cambiantes. ¿Cuál será el desenlace? Un sujeto estancado en sus propios sentimientos, incapaz de transcender y de reconocer en las necesidades propias y de los demás la posibilidad de ir más allá de sí mismo para construir un mejor mundo.

En definitiva, nos encontramos ante el imperio de lo subjetivo; sin embargo, buscamos caminar hacia el mandato absoluto de la Verdad.


Revés de la masculinidad

Una aproximación psicoanalítica a la construcción subjetiva de lo masculino

Caminando 2.0

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